Ángeles Lozano

india1segunda

INDIA Y SUS CONTRASTES

SEGUNDA PARTE.- Delhi y Jaipur. Días 3, 4 y 5

En esta segunda parte os describiré los días 3, 4 y 5.

Día 3. Miércoles 14 de mayo de 2025.

Hicimos la  visita de la Vieja Delhi, entramos a la Mezquita Jama Masjid, hicimos un paseo en rickshaw por el pintoresco mercado Chandni Chowk y llegamos al Memorial de Gandhi.

Recién descansados de la travesía aérea, y adaptándonos al calor, los ruidos y las dinámicas indias, emprendimos el día 2 comprobando el abismo social que puede haber en su capital en cuestión de metros. Juzgad por vosotros mismos al comparar las fotos.

Nuestro autobús-casa  nos llevó a la misma puerta de la Mezquita, al principio de la calle Chandni Chowk de la vieja Delhi. Esta mezquita, mandada construir sobre una colina en el siglo XVII por el emperador mogol Shah Jahan (el mismo que el del Taj Majal) es el centro de culto principal para los musulmanes en la capital. Y allí sentí lo tajante de sus normas de protocolo por primera vez. Sientes que vas a ingresar en un lugar sagrado, con su estanque de aguas para la purificación, concebido para albergar en su patio central  a unos 25.000 fieles en oración. Sin contemplaciones, en su puerta de entrada te exigen cubrirte hasta los pies con unos sayones austeros, unisex, de colores pardos y oscuros. A cual más feo,…jajaja. Y el problema no es que sean feos y desgarbados, …es que no sabes quién se lo ha puesto una hora antes. Aquí olvidémonos de lavados, planchados, y normas higiénicas occidentales. La indumentaria la exigían tanto para hombres como para mujeres.  Los zapatos también hubo que dejarlos en la puerta a un cuidador de calzado, y entrar con calcetines. Uff, las losetas de arenisca roja ardían ya en las primeras horas del día.

Como veis yo desconfié de dejar mis zapatos anónimos a un cuidador anónimo. Aprendí en Bangkok, por ladrones que llegan en vuelos lowcost de otros países vecinos, a llevar una bolsa de tela donde ocultar mis zapatos colgados y garantizarme ir calzada a la salida del templo. Eso sí, ahora que me veo, mi outfit final es de lo más extravagante, jajaja.

Fijaos en este par de flashes del contraste que puede darse allí mismo. Los fieles habituales están a la espera de sus horarios de visita, y mientras espera, la mamá de vestimenta verde no duda en echarse una siestecita en el suelo junto a su bebé …Cuando bajamos la escalinata de la monumental mezquita, nos esperaba el señor del rickshaw para atravesar el mercado, una amalgama estrechísima de cableados colgantes, toldos polvorientos, bullicio y mezcla de olores,… el orden en el caos.

La amplitud de la mezquita y sus vastos espacios comenzaban a reducirse a cada paso de la salida, y nos encontramos montados en un rickshaw en un mercado laberíntico de dimensiones imposibles, donde el paso por la calle o el cruce con otro rickshaw era literalmente un milagro. Todos los rickshaw del grupo íbamos en fila india, jajaja, un chiste muy fácil. En tal espiral de estímulos, no sabías si reír por lo inaudito, o llorar. No te daba tiempo a codificar los géneros de cada uno de los puestos, los olores, los oficios,… las calles irregulares, creo que de tierra y barro, o de losetas levantadas,…eran todo un triatlon para  nuestro  delgado ciclista, que tenía sus años, pero aguantaba como un campeón con sus piernas de acero. Qué remedio, seguramente éste sería el principal sustento de su familia, y era su manera de ganarse el pan. Giraba un pequeño pañuelo como un molinillo para darse aire “fresco”, y yo intentaba en cuanto podía darle algo de alivio con el aire de mi abanico español. En el último tramo, ya más amplio y sencillo, este señor de rickshaw, camisa, y pantalones impolutos (una anomalía en su entorno) nos pedía con insistencia una propina en rupias, y yo le decía en inglés que al final se lo dábamos. Y así lo hicimos, se lo había ganado a pulso, pero disgustado recogió el dinero. Yo no entendía nada,…pero claro, habíamos pagado la novatada. El dinero apenas estuvo en su mano un instante. Su jefe creemos que se lo recogió, y seguramente nuestra propina fue para su propio bolsillo. En India mi sentir es que hay minimafias en cada paso que des a pesar de la buena gente, que es mucha: en el hotel si vas a pedir un vehículo para llevarte al centro de la ciudad en tus tardes libres, en el dinero que cambias a los prestamistas,  en los talleres de cocina, en la decoración de Henna, en los cuidadores de zapatos, en tus compras en los bazares, en los maleteros de los hoteles,…todo el mundo espera y  saca tajada de tu visita. Eso sí, hasta que aprendes a cogerle el pulso.

De vuelta a nuestro autobús tras la experiencia en la vieja Delhi, nuestro nuevo destino era ir al Memorial de Gandhi. No es el sitio donde está enterrado, sino el sitio donde fue incinerado un 31 de enero de 1948, y donde las gentes expresan su homenaje y respeto, es el sitio de referencia para miles de visitantes. Los extranjeros somos aquí una gota en el océano (cosa que no ocurría ni en Egipto ni en Tailandia), y a ellos les resultamos de lo más exóticos con nuestras indumentarias y nuestro color de pelo y piel. A cada paso, nuestros compañeros de grupo eran requeridos para posar con ellos, disfrutando ambas partes. Luego ellos enseñarían las fotos en sus pueblos con orgullo, dato que sabemos por nuestro guía local.

Vimos muchas familias y también grupos de mujeres. Todo un espectáculo de color y telas, y una convivencia muy pacífica con el intercambio de muchas sonrisas, un lenguaje que funciona muy bien en estas tierras y sus gentes.

Aquí también tuvimos que dejar los zapatos a la entrada, en unas estanterías comunes, sin cuidador, olvidándote de tus temores y confiando en esta comunidad que vibraba con muy buena energía. No tuvimos ningún problema en encontrar nuestros calzados a la salida.

Tras tomar unas cuantas  fotos, alguien azuzaba a las gentes para que se movieran  hacia los jardines  y dejaran paso hacia el recinto de la losa negra a la siguiente oleada de visitantes.

Volvíamos al hotel para nuestra comida, y preparábamos la tarde libre junto a un puñado de compañeros, 12 en total. Esquivaron en recepción la petición de transporte que les habíamos hecho, y decidimos gestionarlo nosotros mismos: la gestión fue mucho más económica , más rápida  e igual de efectiva: nos embarcamos en la aventura de coger un uber para ir a Khan Market, con más de media hora de camino en la autovía general, pues las distancias en Delhi son enormes.

El sentarme como copilota para entenderme en inglés con el joven conductor hizo que mis sensaciones las viviera a flor de piel, en pura tensión, eso sí jajaja…En primera línea o tenía a un tuc-tuc casi pegado, o a una vaca, o a una moto con tres miembros que nos pasaba y sorteaba a escasos dos centímetros, o al joven y ágil conductor que conducía a la vez que miraba el móvil. Una locura de conducción y continuos pitidos, pitidos generales y a granel, siguiendo un flujo al que poco a poco me fui acomodando y relajando, al igual que mis compañeros del uber XL que nos habíamos pillado. Recomendable este sistema de transporte que nos funcionó muy bien con su aplicación, y recomendable el pago por tarjeta revolut. Fue mucho, muchísimo más barato que si te piden un taxi en el hotel,…¡ la friolera de casi 11 veces menos!. Tenedlo en cuenta.

Para la cena, todo el grupo confluiría en WOk in the clouds, un restaurante en uno de los markets más exclusivos, el Khan Market que os comenté antes. Allí se ven preciosas telas y confecciones,  preciosos zapatos, piezas de auténtica cachemira y manteles hechos a mano de la Asociación de Artesanos Indios, certificados. Fijaos en los trajes de novios que os muestro. El espacio aquí está muy cotizado, y se da una distribución curiosa: abajo encuentras los negocios de comercio, y en las partes altas todos los negocios de hostelería, los restaurantes y cafés. Sitios donde vendan alcohol vas a encontrar pocos, la verdad. Como teníamos sed, preguntamos en varios de hostelería, pues tienen en la calle una persona que les representa con un atril, y te informa de sus cartas. Toda la hostelería que visitamos tenía una escalera estrecha que subir con bastantes peldaños, y aunque descartamos al principio, no nos quedó más remedio que subir todos las escaleras si queríamos refrescarnos un poco. ¡¡Aúpa esas rodillas!! Tras la cena, volveríamos al hotel a preparar nuestras maletas. Mañana saldríamos para Jaipur.

Olvido del Día 2. Revisando las fotografías, veo por mi vestimenta que esta visita la hicimos  saltando el programa el mismo día 2 de la llegada, pero mi testimonio ya lo mantendré en esta segunda parte. Mis disculpas, lectores, pero ya os advertí que La India te rompe los esquemas, y aún así, vienes amándola. Éste es el  efecto del jet lag, jajaja.

Sorprendidos con la belleza del  Templo de Loto pudimos visitarle y realizar una pequeña meditación. El Templo de Flor de Loto, te recibe exquisito, con sus 27 pétalos blancos de mármol, arena de sílice y cemento de dolomita, rodeado de sus 9 estanques de agua turquesa. Nos unimos a los fieles, acogedores, pacientes y descalzos, que esperaban en largas filas y en silencio a hacer su recorrido de 9 tramos de escaleras y 9 accesos, preparándose para la meditación dentro del templo, en una atmósfera maravillosa. La capacidad es de 2.500 personas meditando simultáneamente en su interior.

Día 4.  Jueves 15 de mayo de 2025

En España comentábamos que era el día de San Isidro, pues muchos de nosotros pertenecíamos a la Comunidad de Madrid.

Salimos de Delhi a Jaipur atravesando un Mar de Caos en el tráfico de la ciudad. Para hacernos idea de las proporciones, os diré que en Delhi se concentran 33 millones de personas, es decir, cinco veces los habitantes de toda la Comunidad de Madrid. Tuvimos que atravesarla primero de Este (donde estaba el hotel) a Oeste, para luego bajar hacia el Sur. Hemos visto barbaridades, como Fumigar en plena autopista, con una especie de cañón desde una furgoneta soltando a chorro su siniestra carga a tuctucs, motos, vacas, coches , camiones y autobuses sin discriminación, y algunos de lo más expuestos. Hemos visto niños durmiendo y viviendo en las medianerías de carreteras, jóvenes poceros semidesnudos desalojando la porquería de las profundas arquetas, monos a la caza, vacas famélicas que campan libres y paran caprichosamente, gentes bajando de sus motos para alimentarlas, multiplicarse los carriles de las autovías, protectores de buena suerte colgando en prácticamente todos los camiones con sus lanas negras, una terrible polución atmosférica, túneles decorados artísticamente, largas tapias con palabras y mensajes amorosos, farolas con anclajes imposibles, la esvástica india para la buena fortuna y el bienestar en los tops de fábricas y negocios, los florecientes edificios de Google y nuevas tecnologías,…y hasta los Banyan trees, los banianos,  el árbol nacional de la India que está asociado a tres conceptos: espiritualidad, longevidad e inmortalidad.

Aprendimos incluso los significados de los colores de las matrículas de los vehículos: amarillas para los públicos, blancas para los privados, azules para los oficiales y verdes para los eléctricos.

Ya de camino, nuestro guía nos explicó que Jaipur era famosa por sus telas y su plata con piedras preciosas, especialmente la esmeralda, que es autóctona. Es llamada la ciudad rosa y cuando veáis las fotos entenderéis el porqué. De los 3 estados que tiene India, Jaipur pertenece al más grande, RAJASTHÁN, y actualmente tiene un marajá joven de 26 años, y cuenta con 80 millones de personas. Hicimos una parada técnica en una gasolinera, la que llamo gasolinera del avispero, porque en su interior, a la altura de tu cabeza, había un activo avispero dentro de un cuadro de luces, y tenías que esquivar a estas avispas naranjas, nuevas para nosotros, para poder acceder al toilet turco habitual. Lo bueno fue su café, pero carísimo, pues algunos pagaron 3€ por la taza, mucho más caro el equivalente que tomarlo en el Ritz.

Retomando el viaje descubrí las tiendas de artesanía a pie de carretera que venden los chillis amarillos y negros, los colgantes para el mal de ojo que llevan los vehículos. Vimos peajes caóticos, carretas con camellos, tractores con lona en el techo como transporte conjunto de viajeros, animales y bultos, monos libres por la carretera, al igual que luego los veríamos por los bazares …Finalmente, llegando a Jaipur, se salpicaban los negocios de marmolistas, y eso me producía una alegría ilógica, difícil de explicarte. Soy fan de todo aquello relacionado con minerales, cuarzos, los siento vivos. En Egipto me enamoré del alabastro, y en Jaipur me acababa de enamorar del mármol, mármol blanco y rosa de la mejor calidad, traslúcido y no poroso: allí estaban sus canteras. Y a las puertas de la ciudad, tras las primeras casas, una montaña que atesora lo que siento que son toneladas de mármol rosa, no sé si estaré equivocada. Era como encontrar un tesoro en un pecio hundido, esa alegría. JAI ART CRAFT y carteles similares iba leyendo. Y además del mármol blanco y rosa, veía otros protagonistas de la zona: el cemento y los andamios de palos de madera y cuerdas pinchosas.

La llegada al propio hotel nos hizo situarnos en EL CONTRASTE de este país. Nos esperaba un hotel de 4 estrellas, EL GOLDEN TULIP, con sus tiendas y joyería. En esta joyería me quedaría yo a vivir rodeada de piezas con esmeraldas y rubíes, engarzadas en plata.  Su tercera y cuarta planta acababan de ser remodeladas, y tuvimos la suerte de ser sus primeros moradores. Una habitación bien grande, dotada y robotizada. Sólo la ducha calculo que tendría 2mx2m de un brillante y pulido mármol crema. (Ah,..te vendrá bien tener una clavija de 3 patas en tu maleta.)Tenía una buena y moderna alfombra, pues aquí es sinónimo de un buen estatus.

Quise hacer estas fotos cuando salíamos todos del hotel a la calle, para recordar su quebrada acera y  su calle principal, y haceros partícipes del contraste del que siempre hablo. Nos alojábamos en unos oasis, pero el desierto estaba fuera.

Una vez instalados y comidos, asistimos a la tarde a una fábrica de textiles, para ver cómo se hacían las alfombras de nuestras habitaciones y otro tipo de géneros estampados como sedas y algodones, y de paso, hacer de nuestra visita de turistas una interesante venta de negocio. Aquí os muestro las planchas de estampados, en madera de teka, con las que se trabaja artesanalmente.

El problema está en que a pesar de haberte mentalizado de que vas a ver penurias y diferencias de castas en este viaje, cuando llega el momento, se te parte el alma al ver la sumisión en su body language, y lo dictatorial que puede ser el dueño, a pesar de estarnos mostrando su mejor cara. Cuando el grupo ya se marchaba hacia las instalaciones de venta, nos retrasamos para tomar estas fotos, haciéndome a la idea de lo que tiene que ser una jornada  laboral india de estos tejedores, cortadores y estampadores en semejante postura y con el desgaste de su vista y sus manos. De sus sueldos… ni hablamos.

Abandonábamos los textiles para encaminarnos hacia una ceremonia Aarti hinduista en el Templo de Birla que comenzaba a las 7 de la tarde . A nuestro guía se le veía ilusionado porque es la religión que él procesa, la HINDUISTA.  Nos contaba que en la religión hindú no hay fundador ni libro de reglas; es más un filosofía y tus reencarnaciones van a ir dependiendo del karma, por lo que ellos tienden siempre al buen comportamiento. Si encarnas como animal o pájaro, malas karmas nos decía. Lo decide el creador o el destructor.

Un cuidador de calzado, imagino que contratado por nosotros, recogía nuestros zapatos en un saco. A la salida, tenía expuestos los pares en el suelo; los nuestros y los del compañero veterinario fueron los últimos en recogerse, pues yo había entrado en trance y me costó un poquito recuperarme.

La energía de esta comunidad es maravillosa, y así la sentí. Llegamos justo a tiempo de la breve ceremonia Aarti que se oficiaba, envueltos en el maravilloso olor de los inciensos que estaban a la venta en sus inmediaciones,  y pudimos participar de sus mantras, sus humos, y su colorido, integrados en la comunidad como uno más. Es un templo dedicado a la diosa Lashmi y al dios Vishnu. El pujari (sacerdote) canta canciones sagradas y rocía agua sagrada; vivimos  la puja, que es el rito de adoración hindú. A la salida, percatándonos del entorno, se veían y oían pavos reales cuando terminamos de hacernos fotos y empezaba a oscurecer.

En la cena disfrutamos de danzas del Rajastán. Nos llevaron al palacio de un marajá y contemplamos la exquisitez, unas celosías de mármol tallado sublimes, sus lámparas de cristal, sus puertas, suelos, mobiliario, su fina decoración,…de aquí viene el dicho de vivir como un marajá.¡¡ Y tanto!!

Ya estábamos cansados del intenso día de San Isidro, y nos llevaban para el hotel. Nuestros guías nos recordaban el itinerario del día siguiente: para mañana teníamos  una excursión  en jeep al Fuerte Amber. Y a la vuelta disfrutaríamos de la panorámica del Palacio de los vientos de la ciudad y posterior paseo por sus bazares. En la tarde nos llevarían al icónico Observatorio astronómico, y finalmente visitaríamos el Palacio de Jaipur.

Día 5. Viernes 16 de mayo de 2025.

Comenzaríamos el día ascendiendo al Fuerte Ámber en Jeeps, y en el retorno veríamos el Palacio del Agua y visitaríamos el Crematorio Real.

Antes de comer, nos explicarían el tratamiento de las incrustaciones de gemas en mármol y plata, y por la tarde nos ubicaríamos en la Pole Star en el Observatorio astronómico. Finalizaríamos el día visitando el Palacio de Jaipur y haciendo nuestras compras en uno de sus mercados, junto al Palacio de los Vientos.

El Fuerte Amber es tan inmenso, que por su interior pasean elefantes. Esta actividad de turismo ha sido objeto de controversias, y nuestro grupo no participó de ella. Con un sol implacable, la gran fortaleza de Jaipur te acoge y da sombra una vez has atravesado sus patios y sus accesos. Te sorprende con sus dimensiones, sus múltiples estancias, el vestíbulo de los espejos (se dice que con el reflejo de una sola vela, se iluminaba completamente), sus numerosos murciélagos camuflados,…

Como anécdota os contaré que necesitaba un baño, un toilet, y el segundo de abordo de nuestros guías locales nos acompañó amablemente a un puñado de compañeros que teníamos esa urgencia. Se nos hizo eterno el atravesar patios, pasillos, y más patios y más pasillos hasta que finalmente encontramos nuestro tesoro. Era requerida una propina, unas rupias por el servicio, que las dimos con mucho gusto. Y ya comenzamos la excursión de vuelta para reunirnos con el grupo, pero ya con otro talante, jajaja.

Que yo recuerde, es el único sitio de los visitados donde los vendedores sí te agobian, muy insistentes,…incluso tuvimos algunos que viajaron colgados en nuestro jeep en la zona trasera.

Aquí os muestro la escoba más sofisticada de todo el viaje, la premiada.

Volvíamos a la ciudad. Unas fotos en el Palacio del Agua, y una breve visita al Crematorio Real, del que me tuve que marchar urgentemente. Mi condición de sensitiva hace que no tolere algunos lugares, y éste fue uno de los casos.

Todos ya sabéis que soy una enamorada de los minerales y de las gemas. En Jaipur hay esmeraldas y algo de rubí rosa (aunque los de mejor calidad son los rubíes rojos). Nos llevaron a un comercio especializado de gemas y plata, y mis ojos disfrutaron de maravillas.

Tras una comida en el Hotel, algunos de nosotros salíamos para el observatorio astronómico. Eran unas horas letales para la visita, pero era todo o nada. Y ahora me alegro sobremanera de haber ido.

Afortunadamente tengo fotografías para apoyar la descripción del observatorio Jantar Mantar. Es muy difícil de explicar. Un complejo de construcciones son las herramientas astronómicas  de medidas puras, exactas. Siempre pensé que iban a ser sistemas de medida parecidas a astrolabios y dispositivos metálicos. Fue toda una sorpresa. Como véis, mi camello me lo dejé a la puerta, jajaja. Menudos modelitos bajo el calor…Es muy importante llevar un pañuelo como recurso, por eso os lo aconsejo en la primer@ parte. También un abanico o pai-pai para los más calurosos. Ya veis que los locales no dudan en desplegar sus paraguas.

A la entrada al Palacio de Jaipur nos pasó algo insólito, nunca antes le había ocurrido a nuestro veterano guía. Una nueva medida, y obligatoria, con la que entendemos que nos quisieron estafar clarísimamente a cuatro de nosotros por unas mochilas que llevábamos prácticamente vacías y sin ningún problema al inspeccionarlas los militares. Pedían 80 rupias y tuvimos que dejarlas en unas taquillas. Otros compañeros con bolsos y mochilas pasaron sin problemas. Fue bastante bochornoso y sin sentido.

Vi como nuestro representante pagaba 100 rupias a los militares, en un lenguaje de favores que no entendí, ni entendimos. Este episodio enturbió la visita que con tanto orgullo encabezaba nuestro guía local: su familia, segunda casta llamada de los guerreros, estuvo concretamente al servicio de este palacio y sus marajás.

Este súper jarrón viajó a Reino Unido, junto con su gemelo para transportar agua sagrada del Ganges y permitir las oraciones durante los 6 meses de ausencia. Vimos fotografías de toda la familia real y sus curiosos trajes de billar, de polo y de ajedrez. Uno de los pantalones fue el que usó el gran Marajá, de 220 kilos.

Aprovechamos nuestra vuelta para hacer algunas compras en el mercado de Jaipur, en sus bazares junto al Palacio de los vientos. Toda una experiencia para comprar pasminas, casacas y Salwar Kameez.

Recordarte que siempre hay que regatear, es su modelo de venta, y al que hay que adaptarse para conseguir el equilibrio de precio entre ambas partes, sin abusos.

Cada religión tiene sus zonas de compra, y nos perdimos adentrándonos en la zona musulmana, donde no nos sentíamos especialmente acogidos ni seguros. Cada vez las tiendas y las calles eran más estrechas y laberínticas, y terminamos junto a un altar con ofrendas y monos sueltos alimentándose de ellas.

Afortunadamente encontramos la salida a las vías principales, a los comercios ‘normales’, y se quedó en una simple anécdota, un momento puntual.

Decidimos volver los dos al hotel caminando, felices con nuestras compras y encargos. Pero la felicidad nunca es completa, pues terminé con unas picaduras recientes en las dos piernas, como si dos arañitas hubieran subido cada una por un calcetín. Picaba que rabiaba, pero llevaba mis propios aceites esenciales terapéuticos y pude curarme sin problema en los siguientes días. India es maravillosa y retadora:  en un momento se puede volver complicada.

Cerrábamos el intenso día 5 ya en la habitación, recogiendo y preparando la maleta para partir temprano al día siguiente hacia AGRA.  Hablaremos del dia 6 en la tercer@ parte.

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