INDIA Y SUS CONTRASTES
CUARTA PARTE.- Vanarasi-Delhi- Helsinki-Madrid. Días 9-10-11
Día 9. Martes 20 de mayo de 2025. Creímos que ya conocíamos India, que le habíamos tomado el pulso. Pero estábamos bastante equivocados: hoy empezaríamos a conocer la AUTÉNTICA India.

“A las 4:40 a.m. todos listos en la recepción del hotel”, así se fijó la premisa. Y todos como clavos allí estábamos, jajaja…Tan temprano era cuando salimos del hotel, que las farolas estaban encendidas, las gentes (que no todas) dormían, y ya los primeros puestos empezaban a encender las cocinas para que los tés estuvieran preparados cuando llegaran los primeros clientes. Nosotros desayunaríamos a la vuelta. Nuestro propósito ahora era llegar al Ganges y poder tomar la barca para ver el amanecer dentro del Río, y ver encender las primeras piras de incineraciones.

Bajamos del autobús y empezamos a caminar flotando, nuestros ojos se habituaban a la luz de transición, nuestros corazones al ritmo del despertar y nuestros zapatos al firme de la calle, que fluctuaba como la India misma. Los ojos se te iban a todos los lados: ésto sí que era un espectáculo. Bellos durmientes, olores, colores, sonidos, sensaciones, vacas, monos …todo se entremezclaba. Una parte del pueblo VIVE en la calle y DUERME en la calle plácidamente, sin miedo, confiados. Doy fe.

Avanzamos y avanzamos por una calle principal y,… de pronto, LLEGAMOS AL GANGES. Allí estaba, beneplácito, con su tranquilo discurrir y su enorme masa de agua. Allí algo cambió, algo en el ambiente hizo CLICK. Y empezaron a repicar campanas, a sonar campanitas, los monjes empezaron a mantrear con su rezo cíclico, los hombres santos a mostrar sus limosneras mientras pasaban a tu lado con ojos limpios, auténticos, con sus escasas ropas naranjas y sus cabellos despeinados, sus largas barbas de aspecto centenario,…y LA BEATITUD. Allí se respiraba LA SANTIDAD, LA CREENCIA, LA DEVOCIÓN,…uff todo impregnado de generaciones y generaciones de rezos. Según la tradición, todo hinduista debe visitarla al menos una vez en la vida. Y entonces ví a los niños. Niños alegres con sus familias metidos en el río, con sus garrafas vacías a la espalda (no sabrán nadar, seguramente). Aguas turbias y contaminadas, basura acumulada en sus orillas, templos, personas lavando las cacerolas y ropas, otros lavándose los dientes, otros el cuerpo entero, unos vestidos, otros desnudos, flores en el agua, vacas, escobas barriendo, yoguis en trance con posturas impensables, vendedores de collares de semillas sagradas y de imitación a sándalo, santos en altares dando sus bendiciones, las primeras maderas a punto de crepitar, las barcazas…y el GHAT. Es la amplia escalinata que hay que bajar para llegar a la orilla y saltar a la barca. Pisas una pasarela de hierro inestable clavada en la orilla y apenas mojas la suela con el agua, caminas en equilibrio por ella…y ya estás dentro.





Nos adentramos en el río. La cuenta atrás para el amanecer empezaba. Hacíamos el saludo al sol… Y con la salida del sol, volé con la luz.
El Ganges también es un contraste: una orilla está abarrotada, y la otra desierta. Existen leyendas sobre los otros pobladores, los magos de las sombras de la orilla deshabitada, los black aghori, los malditos.


” Mira, Mira” alguien del grupo avisó. Acababan de encender la madera en uno de los dos burning ghats autorizados para las cremaciones. En India, morir en Vanarasi es caro: puedes incinerarte si eres rico con madera sagrada de sándalo, si eres pudiente con otras maderas nobles intermedias, y si eres pobre, pues igual te quedas a medio quemar. Pero todos quieren venir aquí a incinerar su cadáver.
Llegábamos a la orilla y era momento de bajar de la barcaza. Ibamos a serpentear por la estrechas calles, antesalas de los burning ghats, donde van llegando los muertos a hombros de portadores especiales que son los encargados de dejarles en sus piras. Por fin van a ver cumplido su sueño y nosotros por fin seremos testigos de este momento tan íntimo y tan deseado en sus vidas.
Te ves rodeado de maderas cortadas. Aquí pueden haber verdaderas fortunas vegetales, y veremos a los pesadores en plena actividad. Cada candidato ha pagado una mercancía distinta, y ha de estar todo listo para su llegada. Los cadáveres se suceden como los vagones de un tren: tras de uno viene otro. Y está estimado que en Vanarasi se incineran unos 200 cadáveres diarios en sus dos ghats, Manikarnika y Harishchandra.




No hay tristeza ni desesperación. Hay aceptación y paz, pues todos los hinduístas asumen este momento como liberación, se alcanza el “moksha”. Y así lo viví; estas culturas te cambian el concepto de muerte, pues tanto en Egipto como en India es el paso a otra vida, una nueva, no es una muerte como tal. Y me sumo a este enfoque, por mis propias vivencias.
Aquí en la foto creo que los portadores iban recitando el mantra “Rama nama Staya hai” (el nombre de dios es verdad) que se recita durante el transporte del cuerpo. Hay castas de los intocables cuyos trabajos hereditarios son ser portadores, mantener las piras encendidas, y retirar los restos no quemados y las cenizas hasta el río. Una de ellas es la casta dom, una de las más bajas.

DESPUÉS DE LA MÍSTICA, VIENE LA MÁSTICA, jajaja.
Dejamos la zona bastante impactados y volvimos con el autobús al hotel. Había desayuno y tiempo de descanso para dormir, pues el madrugón había sido brutal.
Hoy nos llevarían a comer de una manera típica a un restaurante tradicional, donde la bandeja, vasos y cuberterías son de latón. Toda la comida se sirve a la vez, y cada uno empieza y sigue por donde le apetece. Nuestro guía nos confió que ellos en casa siempre empezaban por los postres. Vía libre¡¡¡
Ceremonia AARTI

Llegó la tarde y estábamos preparados para esta ceremonia , que era la guinda del pastel de este viaje. Es famosísima, y no me extraña, creo que nunca nos olvidaremos.
INSTRUCCIONES: A partir de un punto, bajaríamos del autobús y caminaríamos TODOS JUNTOS sin excusa. Todos llevábamos la misma dirección, y era muy fácil perderse entre las masas. Nuestro guía local caminaba a buen rítmo en un río de personas, y nos guiábamos unos con otros. ¿He dicho RIO, verdad? Pues bien me sirve el símil, porque se iban incorporando afluentes de gentes y la masa silenciosa se iba haciendo enorme.
Nos explicaron que este año había sido la feria religiosa hinduísta multitudinaria. Llegaron trenes, autocares, coches,…una locura del 13 de enero al 26 de febrero que se llama el Maha Kumbh Mela Prayagraj. Y que la calle principal que recorríamos, la que lleva al Ganges, estaba tan abarrotada que no se veía el suelo por las personas que había. Una peregrinación masiva que ocurre cada 12 años. La mayor reunión humana del mundo según el New York Times y otras publicaciones. Os animo a googlear “feria religiosa hinduista 2025 Varanasi” y a ver fotos publicadas. Increible¡¡¡



Esta ceremonia se celebra DIARIAMENTE, y resulta muy difícil de explicar lo que allí se siente, formando parte del TODO en esta monumental celebración. La ceremonia es un espectáculo visual y sonoro, con música, cánticos, y ofrendas de fuego y flores al río. Un sacerdote, con micrófono en mano, empieza a mantrear, y repetidamente ese mantra se carga en tu memoria celular, en tu ordenador biológico, entrando tu cuerpo en una vibración y una frecuencia armoniosa.
Las gentes van llegando, y las plazas se van llenando, compartiendo espacios, encendiendo velas, preparando ofrendas, mientras la noche cae sobre nosotros. Es entonces el momento de las coreografías: nueve sacerdotes jóvenes, con los mismos atuendos, van portando herramientas de fuego, cada vez más sofisticadas y complejas, meciéndolas simultáneamente en distintos trazados, como si de un baile se tratase. Y aunque lo desconoces, captas el simbolismo, el fervor, el respeto.
Cuando la ceremonia estaba a punto de acabar, nuestro avezado guía nos levantó a los 28 compañeros de la barcaza, y con sigilo y obediencia le seguimos: más valía no perdernos entre aquella multitud, acortando por atajos entre las filas del Ghat y entre pasadizos serpenteantes y estrechos que nos sacaron a la avenida principal. Aún así, seguía habiendo mucha gente por todos lados, y como de noche todos los gatos son pardos, abrimos bien los ojos para sortear y no pisar a los que impasibles estaban tirados en el suelo durmiendo o pidiendo limosna. Nos enganchábamos unos a otros con la mirada, como eslabones de una cadena, pues muchos de los compis no hablaban ni siquiera inglés, y no podíamos permitirnos el extraviarnos. Una vez subidos todos en el autobús, y recontados, respiramos aliviados. Menuda experiencia, yo estaba como dopada, volátil, jajaja. Afortunadamente no se nos cruzó ningún mono, estaban sueltos por los tejados de los edificios y veíamos sus siluetas desde la barcaza.
Fue una cena de risas, contando anécdotas que nos habían pasado en el día. Ya en la habitación, las maletas se quedaron prácticamente hechas, pues mañana salíamos de Benarés hacia el aeropuerto. !Buenas noches a todos¡
Día 10. Miércoles 21 de mayo de 2025. Tomamos vuelo doméstico a Delhi. Hablamos del libro ” La otra orilla de los muertos”, y de nuestros planes una vez llegáramos de nuevo al hotel del Delhi RADISON CONTINENTAL INN. Unos iban a ir a la tumba de HUMAYUN. Nosotros seis teníamos otros planes: nos íbamos a tomar otro Uber, el segundo, y nos íbamos a ir a tomar un café al Hotel Imperial, al maravilloso Café Atrium, que luego resultó ser el Café 1911, uno de los más exclusivos y lujosos de India. Queríamos experimentar el contraste total. Un COLD COFFEE delicioso de los deliciosos, cremoso, de color canela en vaso alto. No sé lo que llevaba, pero nos encantó. Es el único sitio limpio, brillante e higiénico que recuerdo de India. Había toallas individuales de tela de algodón para secarte las manos, que dejabas en una cesta. Había bolsas individuales de papel, higiénicas, para tu uso íntimo, rollos de papel en plural,…brillo y distinción. Pero era un oasis. Cuando salimos de su complejo, la realidad era distinta, claro. Afortunadamente, un ejecutivo que encontramos al paso y que sabía español por sus estudios en el Instituto Cervantes (que se encontraba muy próximo) nos aconsejó dónde comprar en el COAGHNOUGT PLACE, un mercado que tiene “7km around”, nos decía. Le agradecemos de corazón que nos acompañase y nos aconsejase qué hacer y cómo actuar. Compramos de maravilla, éramos los únicos extranjeros, todos eran locales. Compramos imanes, cuencos, camisetas, bolsos, inciensos, incensarios de “bra” …todo a precio local. Ya no nos importaba el peso de las maletas: volvíamos a tener 23 kg disponibles por maleta y 10 kg de bolsa de mano en nuestro vuelo internacional. ¡Yupii!
Un amigo español nos llamó preocupado por una tormenta ciclónica que estaba pasando por India. Nosotros estábamos perfectos, la foto del mercado lo dice todo, así que le tranquilizamos.


Pero, al llegar la noche, y coger nuestro tercer UBER,…La situación se complicó, y mucho. Estábamos de camino , a unos 20 km del hotel, y empezamos a ver torbellinos cruzando la carretera, y papeles y cartones y chapas volando…se estaba liando una tormenta eléctrica, que arrastraba lo que pillaba, las motos se desestabilizaban, empezó a llover, a granizar…Nuestro conductor veterano parecía tranquilo. Los árboles se doblaban con el viento, vimos chispazos en la carretera que iluminaron todo y le pregunté si acababa de caer un rayo. Dijo que no, que eran dos cableados gigantes que por el viento habían hecho contacto…ufff, estábamos en una ratonera, atascados, y aquello iba a más.
Empezaron a caer rayos y les oíamos cerca. Lentamente, pudimos llegar a un desvío, atajo que él conocía, y poco a poco, atajo tras atajo, fuimos sorteando árboles caídos, un coche aplastado junto a una moto, carreteras inundadas de agua que crecía, puentes abarrotados de motoristas cobijados,… Ya nos quedaban 7 kilómetros nada más, y el coche era bueno,…teníamos que llegar sanos y salvos. Mañana cogíamos el avión de vuelta a España.
Nuestro conductor de uber tenía una puntuación de 4.9 sobre 5 en las tablas, y lo demostró. Consiguió llevarnos sanos y salvos a nuestro hotel, dábamos palmas con las orejas cuando vimos la torre desde la carretera. Nos dejó en la misma puerta y le dijimos que era un conductor maravilloso, junto con una propina. Nuestros compañeros de dentro ni se enteraron de la tormenta, y menos de nuestro episodio, estaban cenando. Algunos se enterarán ahora al leerme. Pero nosotros tuvimos toda una aventura en un UBER. “Los del UBER” aquella noche hermanamos.
INDIA ES MUCHA INDIA.

La cena fue multitudinaria. El restaurante estaba a reventar de indios: había familias celebrando cumpleaños, despedidas de soltero, …Debía haber alguna fiesta local,..o algo. Cuatro islas en el restaurante con infinidad de platos fríos, calientes, postres,…el sumum. Probamos un postre en finas láminas que era de pétalos de rosa,…una delicatessen. Nos fuimos a preparar las maletas. Esa noche dormiríamos poco. Ya dormiríamos en el avión.
Día 11. Jueves 22 de mayo de 2025. Nos levantamos a las 2 a.m. pues la salida la teníamos a las 3 de la madrugada hacia el aeropuerto Indira Gandhi de Delhi. Un airbus A-330 nos espera con el flight AY122 a Helsinki.
Ya no nos acordábamos de la pesadilla que es la aduana India. Se retrasó el vuelo por algunas maletas sospechosas en bodega, una de ellas de nuestro grupo. Resultó ser un vaporizador para dejar de fumar. Se dan situaciones surrealistas. Al chico de delante de mí le quitaron toda la miel y un alga chiclosa que se pensaron que era una serpiente. El chico comió un trozo, olía bien y parecía un chicle. Pues todo fuera, se lo retiraron, pobrecillo. El coco seco está prohibido y puesto en carteles. El instrumental quirúrgico de un compañero se lo quisieron quitar los militares. Éste se puso serio, no había motivos justificables, y consiguió pasarlo. Tampoco te dejan caramelos, ni cerillas,…
Finalmente salimos camino del primer mundo, la llegada a Helsinki nos pareció un regalo. A las 14:07 h estábamos aterrizados.
El vuelo de Iberia A-321 fue perfecto, y llegamos a Barajas a las 20:15h de la tarde. Llevábamos 24 horas sin dormir cuando llegamos a casita. El jet lag nos duró varios días, nos costó adaptarnos y volver a llevar un ritmo normal. Pero India no la olvidaremos nunca. Damos gracias al Universo por habernos permitido esta experiencia única sin contratiempos. Me quedo anécdotas y datos en el tintero, pero aquí quedan al menos las pinceladas generales.

Habíamos EXPRIMIDO el viaje, uno no viaja a la India todos los días, jajaja. Nos había valido la pena vivirlo con la mayor intensidad, y ahora podéroslo contar a vosotros, y más adelante a nuestras siguientes generaciones.
¡Menudo viajazo!
NAMASTÉ



