CHINA, EL GIGANTE ASIÁTICO.-
CUARTA PARTE final. SUZHOU y SHANGHAI. Días 9, 10, 11 y 12.

Día 9. VIERNES 5 de junio de 2026. Visita al Templo Zen de Los Leones, y viaje en tren de alta velocidad a Shanghai. Una vez allí, Panorámica de los rascacielos en la pasarela de Shanghai y tras la comida, tiempo libre de compras en la famosa Avenida Nanjing y el Barrio Xitiandi.
Sabíamos que hoy iba a ser el día más duro del circuito. El más exigente, pues ya era el noveno día, y hoy tendríamos visita de templo, viaje en tren, y cuando llegáramos a Shanghai, seguiríamos en circuito de visitas o paseos y no haríamos el Check-in hasta las 22:00 h. Es decir, nos esperaba todo un día de marcha.

Habíamos descansado en este precioso hotel tradicional, con jardines propios de templetes y lotos al estilo de los famosos de Suzhou, y éso te contagia de armonía cuando le respiras y contemplas. Tras el desayuno, salimos listos y en forma con nuestras maletas y bolsas de mano, fieles compañeras, que se quedarían en el maletero de nuestro autobús-casa. Te recomiendo que tus maletas y bolsos de viaje sean de calidad, pues una buena maleta pasa la prueba o no la pasa en viajes de este calibre, con mucho ajetreo de aperturas y cierres de cremalleras, subidas y bajadas de sus ruedas en escaleras automáticas, golpes de traslados en bodegas de aviones, y todas ellas reventonas, rozando el exceso de su capacidad. Ahí se nota la RAZA de nuestros equipajes, y la raza también de los viajeros que las portan. Genio y figura.
Os quería contar una anécdota que me pasó a la salida de este hotel, para que veáis hasta dónde llega el control en China, no importa dónde. Bajé un ratito antes de la salida para disfrutar del jardín y había metido mi tarjeta-llave de la habitación en el bolsillo de mi falda deportiva para tener las manos libres. Sólo había un ascensor en este humilde hotel y era todo un poco más complejo. Me olvidé cuando bajé de entregarla, como siempre hago. Y me atrapó la contemplación del jardín y estas dos fotos tomadas, que pensé enseñaros. Cuando ya arrancó el autobús, saliendo de las instalaciones, el chofer paró. Nuestro guía local fue avisado que faltaba la llave de Ángeles Lozano, es decir, yo,…y así era. Con un poco de apuro y disculpa se la entregué al guía local que tuvo que bajarse y echarse una carrera para la entrega. Ya con todo milimétricamente correcto salíamos finalmente a la visita. Uff¡¡¡
Hoy estaba prevista la visita en Suzhou de un famoso Templo Zen, donde toda su configuración estaba concebida y plasmada con esta filosofía. Muy curioso nos resultó. Yo iba decidida a medir con mi péndulo, quería saber si estos constructores dominaban las energías y elegían sabiamente los emplazamientos, las puertas, las entradas,…y no me decepcionaron. Sabían perfectamente los sitios radiestésicos por excelencia, su elección no era casual. Los maestros constructores zen dominaban los conocimientos y las técnicas, al igual que los maestros constructores de las catedrales europeas. Todos ellos, orientales y occidentales, no daban una puntada sin hilo.




Este JARDIN DE LOS LEONES fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO dentro de los jardines clásicos de Suzhou. Destaca por sus grutas, cuevas y laberintos de roca caliza. Combina elegantes pabellones, estanques de agua, macizos de bambú y pasillos sombreados inspirados en la filosofía Zen. Originalmente fue un retiro budista en 1.345 y tras varias remodelaciones por abandonos, hoy tiene un rico propietario.





Nos adentramos en el jardín laberíntico del S XIV y nos costó un poquito salir de él. Sin quererlo, nos vimos en el centro, en el interior de una gruta, donde un señor, imagino que local, estaba haciendo sus ejercicios de clapping. Golpeaba con la mano todo su cuerpo, los brazos, el pecho, las piernas, y conociendo a mi grupo, que se apunta a un bombardeo, empezamos a imitarle, clapeando todo nuestro cuerpo entre risas. Este señor, que inicialmente estaba tan contento y tranquilo haciendo sus ejercicios, se quedó confuso al ver nuestra reacción,…jajaja,…no sabría el pobre hombre qué pensar. Nosotros, vestidos de esa guisa occidental, con sombreros, sombrillas,…golpeándonos en lugares azarosos de nuestra geografía corporal, donde seguramente NO sería lo correcto, y partiéndonos de risa,…vaya cuadro. Saco en conclusión que el lugar tendrá su magia energética, y el señor estaría haciendo sus ejercicios preparativos de taichí, chikung,..y posiblemente estaría activando su sistema linfático de limpieza del organismo. Afortunadamente mi amigo con su cuidado bigote daba una nota de seriedad, de respeto, y estando en China también de admiración, pues varones con bigotes como el suyo son muy admirados y fotografiados es estas tierras, pues ellos por genética apenas consiguen este look de autoridad.



Os he buscado fotografías donde podáis sentir y ver lo mismo que veían mis ojos. El museo, que es un negocio del estado, tenía tres zonas diferenciadas, con artesanías en caolín, en metal bronce, en piedra semipreciosa como el jade, y en madera lacada. Alucinantes. Piezas reproducidas con maestría, que me las habría traído sin pensármelo dos veces. Pero bastante caras y pesadas, no aptas para nuestros bolsillos ni para nuestra maleta, que ya iba bastante reventona. Pero todos compramos algo, era irresistible tanta belleza. Los compañeros más fuertes del grupo llegaron a transportar maletas muuuuuy pesadas. Ya os dije en su momento que este viaje a China con nuestras condiciones acordadas no era para cualquier viajero, tenía varios retos y destrezas, y ésta era una de ellas.

Xian tiene actualmente 12-13 millones de habitantes, y creció de 3 millones a los actuales 12-13 en pocos años. Es un despliegue brutal del Campo a la Ciudad. Nos advierte este segundo guía ( y ya nos advirtió el primero) del tema de los chinos cantoneses, los sureños. Nos íbamos a dar de bruces con ellos cuando llegáramos al yacimiento, que es uno de los destinos más turísticos y populares para ellos. Son maleducados, sucios y empujan sin ningún miramiento. Y voy a ser un poco escatológica, si me lo permitís, pero es una realidad que tenéis que saber: expulsan gases por todos sus orificios sin ningún pudor ni disimulo, abiertamente. Y se quedan tan panchos. Él nos dijo que teníamos que ser contundentes para hacernos valer: si te empujan, empuja en respuesta. Ojo por ojo. Si no empujas a los cantoneses, no haces la foto.
Específicamente pude comprobar estas advertencias de los guías en el aeropuerto en Beijing, en las horas en tránsito que estuvimos de espera hasta la madrugada, cuando ya salimos de vuelta para España. No todos serían cantoneses, entiendo yo. Muchos chinos duermen en los asientos del aeropuerto, que son muchísimos asientos afortunadamente, a escape libre. Pero daba igual mujeres arregladísimas y hombres de aspecto pulcro, había toda una orquesta de sonidos en estas zonas-dormitorio improvisadas. Nosotros no estamos acostumbrados a esta actitud, entendemos que hay que tener un cierto decoro y recato. Pero el primer día de llegada a China ya nos lo advirtió nuestro primer guía, quedándonos un poquito descolocados con el comentario. La advertencia llegó sin paños calientes, muy directa. Pero es que… ¡¡¡ llevaba razón que ocurre!!! Son distintas culturas, y somos nosotros los visitantes, por tanto, los que tenemos que aceptar y adaptarnos.

El autobús-casa, con protectores de encaje en los asientos, hacía entrada en un recinto descomunal, donde había que cubrir caminando distancias enormes desde el parking, por toda la avenida de acceso hasta llegar a la zona de entrada y tornos.

Había muchísimos turistas chinos, éramos todo un enjambre de personas acudiendo a la miel. Última advertencia: “Si os empujan, empujad. Es la manera de conseguir las fotos. Quedaremos media hora después justo en el otro extremo que veis aquí, a la salida de este yacimiento principal.” El grupo se dispersó en la marabunta, cada uno con sus pequeños microgrupos, admirando la maravilla y haciéndonos las fotos oportunas que luego se convertirían en joyas de nuestros álbumes mentales.

WAUUUUUUUU¡¡¡¡ Es la expresión que más se oye cuando entras en el Yacimiento. Y es que te sale del alma,…una foto no dice lo que se siente al entrar ahí. Son dimensiones titánicas, sus magnitudes son otras a las nuestras, a nuestros conceptos. Son 2.000 hombres, y el Rey, todos con pelo largo recogido en coletas, trenzas o moños. Si cortaban el pelo, era mala suerte, por lo que ningún guerrero lo hacía. En grandes pantallas de salas anexas explican el lenguaje de los peinados, y las categorías y atribuciones que tenían según la orientación de los peinados. ¡Me parece todo tan sofisticado y útil!. A golpe de vista podías saber el mando y categoría de un guerrero, su función si por ejemplo era arquero, y el detalle específico, por ejemplo si llevaba el moño en la izquierda de la cabeza, era un arquero arrodillado. Y son 2.000 hombres de momento, porque saben que hay enterrados muchos más, unos 8.000 se estima, a la espera que avancen las tecnologías para que al sacarlos y exponerlos a la luz no pierdan los colores originales.
La historia es sobrecogedora. Los guerreros protegen la tumba del primer emperador de China, Qin Shi Huang, que me vais a permitir, fue un desalmado desde mi punto de vista occidental de hoy en día. Quiso proteger su tumba férreamente, para aparecer con toda su grandeza en el más allá con ellos, y sacrificó a todos aquellos que supieron de la ubicación de esta tumba, a todos aquellos que supieron de su propósito. TODO UN SECRETO. Es decir, que todos estos guerreros de caras diferentes eran personas, guerreros auténticos de carne y hueso que servían al emperador, que posaron para sus escultores y que luego fueron sacrificados, TODOS, para que NADIE supiera de su paradero y no se pudiera profanar ni robar su tumba de descanso y tránsito. TODOS es TODOS. Los alfareros, los escultores, los constructores, los artesanos, los guerreros, sus caballos,…decidme qué adjetivo utilizaríais como única palabra para definirle. A mí desalmado se me queda corta. Se dice que hay enterradas trescientas toneladas de Joyas…Sí, sí, has entendido bien, no de simples lingotes de oro, sino de joyas manufacturadas. Te quedas sobrecogido e impactado por la actitud tan descabellada del Emperador. Pobres gentes, un pueblo sometido cuyas almas fueron masacradas a granel sin escrúpulo, por un “bien mayor”: el Divino Emperador.
La Gran Historia está llena de personajes de este calibre, lo sé, pero verlo en directo te enmarca en el exceso de estas cifras. El yacimiento enterrado se descubrió por casualidad por campesinos en 1974, y guardaron celosamente el secreto hasta años posteriores, siendo Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 1987.



Los peinados eran sumamente complejos, personalizados, y servían como un indicador estricto del rango militar, el estatus social y la división del servicio dentro del ejército de la Dinastía Qin. El pelo no se cortaba por respeto a los ancestros, y llevaban sus elaborados peinados recogidos en trenzas con cintas, horquillas y bandas. La vestimenta de los guerreros tampoco se quedaba atrás, toda una lectura e indicativos, similar a los uniformes militares actuales, donde estrellas, galones y otras simbologías indican rango y estatus, además del tipo de rama militar.
Para el Emperador existían dos casas: donde vivía en vida y donde descansaba muerto. Su tumba real se supone que está excavada a 165 metros de profundidad, y todavía se supone que no se ha encontrado. Existe un complejo de tumbas alrededor, para confundir y guardar celosamente la suya. Mandó llamar a 30.000 artesanos famosos de distintas partes de China y construyó una fábrica enorme. No les permitió salir. El número de soldados que acudieron a esta fábrica como modelos se estima que eran 10.000, durante tres años. Fueron 10.000 figuras de terracota copiando las expresiones, las armaduras, los peinados,…nadie sabía dónde estaba la tumba y las figuras. Fueron decapitados y mandó también destruir la fábrica. Con 44/45 años empezó a viajar, no podía caminar e iba en silla de ruedas. Y con 50 años murió. Dejó dos hijos varones y 19 hijas. La sociedad china es todavía muy machista y con la política de hijo único, 1980, muchas niñas fueron abandonadas en campos de maíz u orfanatos. No se sabe cuánta población de mujeres no-censadas existe. Afortunadamente esta cruel ley se levantó, pues ha tenido sus consecuencias. Además de apenas tener familia directa, ( los tres guías que tuvimos eran hijos únicos), ahora a los chicos les cuesta encontrar chicas para casarse. Algunas se mueven por dinero, y os pongo un ejemplo: una chica se casa y se separa a los 6 meses. Por ley, se divide la propiedad a la mitad, el 50% para cada uno. Si las chicas se casan 3 o 4 veces, se hacen ricas. Los padres del chico son los que aportan 700.000 yuanes y la casa para los novios. Así que, solteras de oro europeas,…aquí hay un filón para las que os gusten los hombres orientales,jajaja. En el S VIII, con la Dinastía Tang, cuanto más gorditas las mujeres, más bonitas les parecían. Nadie quería a las delgadas. Insisto que es un país machista también hoy en día. Ahora se ha invertido el gusto, y son las pequeñas, menudas, delgadas y blancas de piel las que triunfan. Éso nos contaron.

Del yacimiento principal pasamos a otros yacimientos menores, pero ya no era tan fácil impactarnos. Cuando salimos del recinto había un sol implacable y bajamos una avenida comercializada, con todo tipo de reclamos para turistas, turistas orientales en su inmensa mayoría, siendo nosotros una de las pocas excepciones. Recuerdo el susto que se llevó un niño en la cola, sujeto feliz a las faldas de su mamá. En su juego y desparpajo, se giró hacia atrás y cuando nos miramos a la cara, sentí el desconcierto y luego el moderado pánico al verme: no le cuadraban mis rasgos, jajaja¡¡ Tendría como unos dos añitos, y estoy por apostarme que nunca había visto a un “cara blanca” en su corta edad. El instinto nos mantiene vivos, y el pequeño, ráudo y veloz, buscó el mejor refugio, el cuerpo de su madre como parapeto entre él y yo. Benditos niños, por su espontaneidad y su pureza.
Os he dicho que el sol era implacable y hacía calor, pero nos dijeron que era el primer calor del año, pues sólo una semana antes estaban en 12 grados y estuvo lloviendo. Por tanto, creo que fuimos unos afortunados teniendo buen tiempo para rular con nuestras maletas por suelo seco y caluroso. El mismo itinerario lloviendo y con frío no hubiera sido lo mismo.


Había hambre, y nos vino bien que el restaurante en esta ocasión estuviera bien cerquita del yacimiento, estaba literalmente dentro del recinto, que tenía un montaje de restaurantes, tiendas y atracciones como si de Portaventura se tratase. Nos acosaban un poquitín los vendedores, pero viniendo otros años de la vivencia de Egipto y La India, apenas era nada.
En el restaurante nos sirvieron prácticamente el mismo formato y menú de comida que en restaurantes anteriores y empezábamos a estar cansados. Los clientes locales estaban tomando sopas en cuencos individuales súpergigantes, llamativamente grandes para esos cuerpos pequeños. Cuencos de una cerámica muy bonita y tradicional, blancos y azules. Dejábamos el restaurante cruzándonos con otro grupo occidental, y al salir del recinto, casi me pierdo los pequeños tenderetes donde hay distintos sellos de colores y figuras, que estampas en tu cuaderno de viaje. Unas servilletas de papel fueron nuestro único recurso, pero me traje unos cuantos sellos que figuran rescatados en mi cuaderno de bitácora.
Templo Da Cien y su gran Pagoda de la Oca Silvestre. Este templo le visité sin apenas nociones. En el trayecto en bus el guía no nos explicó lo que íbamos a visitar, y las pequeñas instrucciones que dió a la entrada me las perdí por la urgencia de buscar un baño. Así que le visité a ciegas. En mi búsqueda posterior he sabido que se llama el Templo de la Gran Gracia Maternal y es un templo budista, donde el primer abad, el monje Xuanzang trajo las primeras esculturas de la India. En la pagoda se guardan textos y reliquias sagradas y fue un importante Centro de traducción. Vimos a personas rezando fervientemente y quemando inciensos como ofrendas. Algo captamos de que había una sala dedicada a Confucio, y me pareció importante conseguir un souvenir para traer a casa, pues aunque no seamos budistas, mencionamos a menudo máximas sabias de sus enseñanzas. La única tienda del recinto tenía bastantes empleados, pero ninguno hablaba inglés y fue bastante desesperante no poderme hacer entender. Gracias a la foto que os muestro y alguna palabra suelta que conseguimos intercambiar, conseguí por fin traerme un recuerdo. Por tanto os aconsejo otro recurso en China: mostrar las fotos. Esa misma noche, una foto nos iba a ayudar en una nueva aventura nocturna, que os contaré unos párrafos más abajo.




Volvíamos para el Hotel, necesitábamos un descanso y una milagrosa ducha. La cena no la tomábamos en el hotel; sería en un restaurante distinto, a 12 km de recorrido, con brócoli, flor de loto, coliflor, calamares, sopa rica… Esta noche de cena en Xian nos pusieronn el único postre elaborado del circuito: un dulce de arroz con miel. No tienen postres en los restaurantes, no está ne su cultura, y creo que fue una cortesía hacia los occidentales, es decir, nosotros, jajaja.
Una vez que acabara la cena buscaríamos un plan nuevo para coronar el día: no estábamos dispuestos a perder la ocasión de bucear por la ciudad, y como el guía no nos informaba de cuanto se podía hacer en su ciudad, hicimos nuestras propias pesquisas de grupo. Con nuestros libros de viaje y amigos en común que habían vuelto de China trazamos un improvisado plan de ruta. Nos enviaron al móvil una foto de un espectáculo diario de color y sonido en una plaza muy famosa, y se iba a proyectar el espectáculo de esta Fuente Musical media hora más tarde de la finalización de nuestra cena, en el último pase de las 21h. Ibamos a aventurarnos, como ya hicimos en la India el año pasado, para conocer el lado nocturno y patear las calles más marchosas. No teníamos ni idea de cómo movernos, nos faltaba orientación, pero pasaríamos a la acción. Éramos seis amigos, y queríamos ir juntos. El año pasado en India fue fácil, pero aquí se nos resistían los transportes de la calle. Algo pasaba que no entendíamos, nos cogían a 4 personas, incluso a 5, pero no a los 6. Cómicamente nos vimos envueltos en el abandono de uno de nosotros, le dejábamos en tierra, y cuando nos dimos cuenta de la maniobra, nos bajamos todos del transporte. “Somos Fuenteovejuna” quisimos darles a entender, somos media docena que vamos juntos en un mismo pack. Pero ni taxis ni tuc-tucs grandes nos quisieron coger.
Desalentados, perdimos la oportunidad de llegar a tiempo para ver el espectáculo gratuíto de la gran cortina de agua láser, y no éramos capaces de hacernos entender con traductores que no funcionaban bien. Las conexiones en China están capadas, y funcionan tirando a mal, o sencillamente no funcionan, no hay acceso. No nos entendíamos ni ellos ni nosotros,…vaya telaaaa…


Y entonces se obró el milagro para los seis: apareció un alma joven, caritativa, rica, con nociones de inglés, que se compadeció de nosotros por la simpatía, y gratuítamente se cruzó media ciudad en su cochazo para llevarnos a la calle que nunca duerme, llamada Datang Everbright City, pues ése era el plan B. Fuimos como reyes en asientos de cuero y super navegador,…maravilla, la noche nos sonreía. Ella nos desveló el motivo de que no nos cogieran a los seis en un mismo transporte: estaba prohibido por ley. Ahhhhh, acabáramos¡¡¡. Así desvelamos el misterio. Le agradecí quizá 10 veces su ayuda, su hospitalidad y su amabilidad, le ofrecimos pagarle la carrera, pero se negó en rotundo. Lo hizo de corazón, y éste es nuestro pequeño homenaje. Mi compañero captó el momento, y aquí os muestro la joya de fotografía. Ver para creer, los milagros existen, y estoy convencida de que estamos bendecidos. Estos viajes nos nutren a nosotros y a las personas que nos leen, incluidos aquellos enfermos postrados que me remiten que les hago viajar y disfrutar como si fueran parte del equipo. Y eso para mí es un regalazo, me emociona de verdad.



Y hablando de homenajes, quiero aprovechar para agradecer a mis uberines, a mis amigos de la foto, lo que me han hecho disfrutar en estos dos años. Divertidos, viajeros avezados, que no se arrugan ante los retos, un poquito kamikazes como nosotros dos,…jajaja. Son la bomba, y cualquier situación la transforman en cómica y le quitan hierro, y mira que hemos tenido algunas complicadas… pero juntos siempre buscamos recursos y triunfamos, y además encontramos gente buena a nuestro paso. Dicen que lo igual atrae a lo igual,…Gracias por haberos cruzado en mi camino. Y como diría aquel: amigos, que nos quiten ” lo bailáo”, jajaja


Cerca de la Pagoda del Ganso Gigante, la calle que nunca duerme, el corredor peatonal Datang Everbright City, nos recibía con los brazos abiertos. Nos despedimos de la conductora con alegría dándole de nuevo las gracias, y pisamos las primeras baldosas de esta espectacular megacalle, de dos kilómetros de diversión. Es un distrito cultural y comercial donde nos teníamos que garantizar la vuelta al hotel, ésa era nuestra prioridad ahora que la noche era joven, pues a la mañana siguiente salíamos temprano hacia Hangzhou en vuelo, y teníamos una responsabilidad con el grupo de estar a tiempo con las maletas preparadas bien temprano.
TOURIST INFORMATION POINT. Nuestra salvación, pensamos. Al comienzo de la calle resplandecía para nosotros una pequeña oficina con este servicio, justo lo que necesitábamos. Y para allá que me fui optimista a hablar con la joven señorita que atendía el puesto. ” Mi gozo en un pozo” fue lo que pensé cuando me dijo que NO hablaba inglés. No entendió mi pregunta, ohhh vuelta a empezar¡¡¡ Traductores digitales que nos daban traducciones surrealistas, gestos,… impotencia general. Bueno, pues ya improvisaríamos y negociaríamos un precio de vuelta en algún transporte.
Decidimos descubrir cómo se divertían allí, y ya a escasos metros se nos planteaba lo primero que nos apeteció hacer: vimos un photocall de la firma Oppo, como mi teléfono, y nos pusimos en cola como lo hacían las gentes locales vestidas de gala al estilo tradicional. La responsable hablaba inglés,…por fin¡¡¡¡¡¡¡, y gracias a ella conseguimos saber que habría tuc-tucs toda la noche, y que éste rincón en concreto donde nos encontrábamos era el sitio de referencia de donde todos salían. Nos alivió mucho saberlo. Contentos y preparados, llegó el turno de hacernos fotos subidos al photocall, mezclándonos con una abuela, una madre y una hija que iban vestidas para la ocasión. Se prestaron a posar, y con nuestros teléfonos tomamos fotos de recuerdo como la que os muestro.
El siguiente caso de risa fue inmediatamente después con el señor chino simpatiquísimo que posa con nosotros. Los Xībānyárén, españoles, le caemos bien. Se contagió de nuestra risa y establecimos el equivalente a un partido de ping-pong: él reía, nosotros más; él reía más todavía, y nosotros más y más,…Y acabamos haciéndonos varias fotos juntos, primero con él solo y luego con toda su familia. Ellos y nosotros nos llevamos fotos-amigas a nuestros respectivos destinos. Surrealista, ya os digo.

Y cuando nos estábamos recuperando del dolor de tripas, tomando aliento, llegó la guinda del pastel. Recuerdo que oímos a nuestras espaldas algo como….Hola¡ Feliz Navidad¡¡ Nos dímos la vuelta como un resorte, esa voz española nos resultaba familiar. Y al verles, comenzamos a reir…¡¡¡NO ME LO CREO!!! fue la expresión que me salió espontánea. La sorpresa fue que parte del grupo, de nuestro grupo hermanado, estaba allí vivito y coleando, en el mismo plan que nosotros, diversión e inmersión, optimizando y exprimiendo el tiempo en Xian. Nuestros compañeros de viaje y la señora del rescate que os conté también estaba allí, jajaja, este grupo era increíble…Habían cogido varios tuc-tucs, de 4 en 4, y se habían venido directos a la fiesta. No sólo nosotros seis éramos los vividores…Tras los saludos, cada grupo siguió su rumbo para tomar unas copas, curiosear, pasear la calle, o comprar. Nos orientaron del precio que habían pagado por los tuc-tucs para que negociáramos bien la vuelta, y nos despedimos hasta el día siguiente.
Tras unas copas, negociamos con tiras y aflojas con los conductores, firmes en nuestro precio final, y un padre y un hijo no desaprovecharon la oportunidad de sacarse un dinero con nuestra carrera en dos tuc-tucs hacia el hotel. Uno de los tuc-tucs está iluminado con lucecitas, y habiendo pasado por toda la preciosa avenida principal, adornada y bien iluminada, llegamos enseguida al hotel. Fue un precio razonable y tomamos una foto con ellos cuando nos entregaron en la puerta del hotel. Había sido una noche estupenda, pero ya estábamos bastante cansados. Era hora de ultimar las maletas y dormir un poco. Recé esa noche para que tambien todos los compañeros que dejamos de fiesta y los que fueron a pasear por encima de la muralla llegaran con bien al hotel. Eran las 12 de la noche cuando hacíamos la última pesada en la habitación: nos permitían 20 kilos para la maleta grande y 5 kg para la bolsa de mano. Ufff, justo¡¡¡¡¡

Día 7. Miércoles 3 de junio de 2026. Vuelo interno de Xian a Hangzhou. Barcaza por el Lago del Oeste.
El desayuno este miércoles de 3 de junio fue a las 6:10 a.m. , con un montón de risas recordando las anécdotas de la noche.
Salimos del Hotel hacia el aeropuerto TODOS con nuestras maletas a las 7:00h. Nos esperaba el vuelo doméstico de Xian a Hangzhou. Ya en el autobús de camino, el guía comentó con micrófono en mano que qué tal lo habíamos pasado en la noche, que ya se enteró que salimos por ahí. Vaya un caradura, pensamos más de uno; se volvió hermético cuando rechazamos su propuesta particular de una excursión de 22€ por persona para llevarnos en autobús para explicarnos la ciudad. No nos divertimos gracias a él precisamente…pero en fín, todo tiene su parte buena. Caminamos libres y fuimos capaces de autogestionarnos con soltura en un entorno desconocido, sin su ayuda. Y eso siempre suma a tu vida.

Llegamos pronto al aeropuerto, porque éramos muchos en el grupo (37) y habría muchos controles que pasar que paralizarían nuestro fluir. “En la facturación hay control de sabuesos”, pensé al llegar. Nos hicieron abrir varias maletas en el grupo: por un bastón de un compañero, por un catalejo nuestro de metal rojo pulido y dorado que les encantó(sus colores favoritos), y casi le perdemos,…casos así, de sospecha o no reconocimiento de objetos.
Pero en el último momento, cuando ya estábamos casi listos, un problema serio surgió: el nombre completo de mi marido estaba perfecto, tanto nombre como apellidos, pero iba a sociado a un número de pasaporte que NO ERA el suyo. Bailaba más de una letra y algunos números, por lo que dedujimos que era un problema evidente de la agencia local de China y su gestión. Aquí es donde entraron en escena los dos guías, nuestro guía acompañante desde España, y el guía local de Xian. Nos reafirmamos entonces de la importancia de viajar con cobertura de agencias fuertes en estos viajes con mayúscula. Si tal problema lo tuviéramos que haber resuelto al viajar solos por libre, todavía estaríamos allí haciéndonos entender y con nuestra economía bastante diezmada. Estábamos, siendo realistas, en la otra parte del mundo.
Si-no, si-no,…nuestros corazones palpitaban rápido frente al mostrador. Lo bueno era que la entrada en China había sido correcta y llevábamos como garantía nuestro sello en el pasaporte, de eso no cabía ninguna duda. La gestión se presentaba un tanto compleja, pero este segundo guía era veterano y astuto, y sabía navegar por estos mares. Ahí se jugaba su prestigio y su siguiente trabajo, y el problema se resolvió enseguida, y nos incorporámos aliviados al grupo, que estaba en espera, paciente, para seguir juntos nuestras andanzas. Ya os expliqué que formábamos una UNIDAD, un solo cuerpo viajero.
-A todos nos afecta lo de todos-

Este grupo era muy resolutivo, un grupo de viajeros curtidos, intuitivos y prácticos, no-ovejunos, y un tanto rebeldes, intrépidos y aventureros de vida, cuyos perfiles habían pasado la criba del propio viaje, un viaje de China con extensión de la CAM, que no era cualquier cosa. Dormíamos poco y vivíamos mucho, con una intensidad retadora que ya el último día nos pasaba factura, pero contentos de haber vivido toda una experiencia. Ya habría tiempo de descansar y recuperarnos en nuestra querida España.


El vuelo salió con retraso por WEATHER CONDITIONS. “Parece ser que nos espera lluvia” dijeron algunos compañeros. Menos mal que llevábamos los chubasqueros preparados, y a mano.
Suavizamos la espera en un Starbucks, donde disfruté de un hot hojicha tea and creamy latte. Observo que todas las instalaciones del aeropuerto son masivas, modernas, titánicas, inmensas, limpias. Así es China. Una vez sentados en el avión, dispersados entre pasillos, sale nuestro vuelo a las 14:30h. Me ha tocado estar entre dos chicos chinos jóvenes. El de la ventana lee una revista especializada. El de la izquierda es un guapo y simpático azafato, que forma parte de la tripulación, vestido con su reglamentario traje azul marino y su camisa blanca. Cuando nos traen el picnic del catering, tenemos agua de coco, una palmera blandita, unos crispis saladitos de arroz y un té jazmín calentito que sabe de maravilla. Ummm¡¡ nos viene muuuuy bien. Los pasillos del avión doméstico son muy estrechos, de menos de dos pies, pues he sacado mi pie de talla 38 y mide pie y medio de pasillo. Menos mal que las azafatas son bastante delgadas. Sufrimos fuertes turbulencias antes del aterrizaje en Hangzhou, pero lo esperábamos, ya nos habían avisado del tiempo allí.
LLEGADA A HANGZHOU. Música relajante en el aterrizaje y el fu-fú que intuyo que nos adormece. Apenas veíamos por la ventanilla a causa de la niebla y de pronto un chico joven se levantó imprudente cuando casi tocábamos tierra. ZUÓ ZAO¡¡¡ ( Siéntate) Gritó inmediatamente mi wapo azafato, contundente, y el chico se sentó a la orden como un rayo. Pero entonces…¡¡Realmente viajaba sentada con un poli, ¿no?!!
El aeropuerto tiene 4 terminales, como en España. A la salida sentimos mucha humedad, nos esperaba una sauna de 23 a 30 grados y nuestro tercer guía, un “plátano”, como los chinos llaman a sus compatriotas, que son chinos por fuera pero que están occidentalizados por haber vivido durante años en otros países con costumbres de los blancos. Amarillo por fuera y blanco por dentro, pues este guía había vivido 17 años en España. Pero…hablaba fatal, y nos costó mucho entenderle, nos levantaba dolor de cabeza tanto esfuerzo. Muchos compañeros desconectaban de las explicaciones y yo terminé haciéndolo también. ARMÓNIAS,..mis compañeros recordarán. Hasta que descubrimos que nos llevaba al Templo de las seis armonías.

Hangzhou es la joya cultural de la costa este de China. Capital de la provincia de Zheijiang, es por tanto la ciudad más grande. Se sitúa en las riberas del rio Qiantang, cerca de su desembocadura, y a la cabeza de La Bahía de Hangzhou. Cobró relevancia por ser el extremo sur del gran Canal.

Ése día algunos compañeros tuvieron que comprar un paraguas. Nos estrenamos en esta nueva ciudad yendo por la tarde a un paseo en barcaza por su idílico Lago Oeste, casi pintado a mano, de paisajes clásicos y serenos de agua, con pagodas y bruma, y con rincones románticos y poéticos. Me recordaba a mi nombre chino AN SHUE YUE, que significa “la serenidad del reflejo de la luna en el agua”. Mi querida maestra C.W. me lo eligió. No estaba programado así, pero por el tiempo lluvioso, pagamos estos billetes extras y nos refugiamos en la barcaza. Luego salió el sol y el paseo escénico fue espectacular, con preciosos efectos de la luz. Es patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, la ciudad yace en el delta del río Yangtsé. La dinastía Sui construyó el gran canal y la muralla. Tiene tradición de ser Centro de Comercio, especialmente de porcelana y textiles, y últimamente de maquinaria y electrónica. Marcopolo en el S XIII visitó la ciudad y dijo de ella que era la más suntuosa y elegante del mundo. Fue saqueada por piratas, ocupada por Japón. Y en septiembre de 2015 se le otorgó la celebración de los juegos asiáticos de 2022. Si os suena el empresario Jack Ma, fundador de Alibaba, actualmente el hombre más rico de China, tiene aquí el Departamento de Ma, similar a Silicon Valley en EE.UU.



A la caída de la tarde nos esperaba un paseo por su calle peatonal Hefang y la visita a la antigua y alucinante farmacia Huqing. Iba a ser un tiempo libre de compras antes de irnos a cenar en un restaurante de la zona. Esta calle ofrecía todo el abanico cultural por la que este lugar es históricamente famoso. Podías encontrar prácticamente de todo en esta vibrante via comercial tradicional.


CALLE PEATONAL HEFANG. FARMACIA HUQING y PUESTO DE VENTA DE SELLOS. Mi mejor momento en China.
La arteria histórica y comercial más animada de Hangzhou nos ofrecía edificios de dinastías pasadas llenos de puestos de artesanía, farmacias tradicionales y comida callejera.
FARMACIA HUQING. No puedo explicaros la emoción que sentí al entrar allí: era como volver a casa. Para mí la reencarnación es un hecho, como para la mayoría de la población china, y tuve la sensación que en alguna de mis vidas éste había sido mi sitio. WAUuuuuuuuu¡¡¡¡ Ése despliegue de tarros, de cajones, de etiquetas, de olores,…era alucinante. Las farmacéuticas estaban en su papel pesando y dispensando los remedios a gentes que compraban sus medicinas habituales, era un sistema aceptado, respetado y milenario, cuya efectividad no se ponía en duda.
Según una máxima china: EL MÉDICO SUPERIOR ES EL QUE PREVIENE, EL MÉDICO INFERIOR EL QUE CURA. Así es su enfoque y su filosofía de vida, con la que estoy totalmente de acuerdo. Nuestro mundo occidental se encabezona en curar y cronificar, cuando el foco, la verdadera raíz, debería estar en prevenir. Que tu comida sea tu medicina.
Me enamoré de un martillo medicinal que engrosa en casa mi botiquín. Conservé mi ticket de compra por si en aduanas internacionales ponían alguna objeción: decidí que mis souvenirs, los regalos para mis personitas alquímicas, iban a ser bolsitas tradicionales de medicinas, y así podrían “oler” cómo olía esa súperfarmacia. La bolsa de los regalos vino de vuelta a España en el compartimento del avión, con un olor muy peculiar a pesar de venir tres veces precintado, un olor que aceptas o rechazas. Los pequeños regalos encantaron a sus nuevos dueños.



EL SELLO. Tenía claro que yo no me venía de China sin un sello de piedra, aunque no os lo puedo justificar de ningún modo: era una corazonada.
Cuando llegué a esta calle y ví el puesto, sentí que era allí, y tuve que hacer malabares para acordar por gestos y sonrisas, en un lenguaje no-verbal, cuál era el que tenía que elegir y qué poner, y además, que me lo fueran haciendo en los escasos 10 minutos que tuve para la compra. Me pilló sin dinero, ( ya casi no se usa efectivo, sólo wechat o alipay) pero mi salvador, mi compañero E., generosamente me acompañó para adelantar el pago. Mil gracias.
Os muestro orgullosamente en las fotos el puesto de artesanía y mi sello junto a la pasta de cinabrio rojo para su uso, necesario para validar documentos, caligrafías y pinturas chinas.
Desconocía que Hangzhou es el corazón de la tradición del grabado de sellos en China, destacando por albergar a la prestigiosa Sociedad de Grabadores de sellos de Xiling, fundada en 1904 y clave para que este arte fuera declarado Patrimonio inmaterial de la Humanidad por la UNESCO en 2009. Sin querer, había dado en la diana, no había mejor lugar.


Hubo momentos divertidísimos, surrealistas, que hicieron las delicias de los vendedores, además de las nuestras. Compramos curiosidades difíciles de explicar, y además, té verde “Longjing” por excelencia de esta zona y cerámica de calidad. Dulces y artesanos trabajando a la vista nos deleitaron en el recorrido.

Nos venía bien cenar y descansar tras las compras y el intenso día. Aprendimos que los palillos blancos son para verdura y los negros para carne. Y también aprendimos por un compañero experto en prevención e incendios el uso de las cajas llamativas e intrigantes que estaban dentro de los armarios en los hoteles: eran mascarillas para el humo, disponibles como recurso en caso de necesitarlas.
Llovía bastante a la salida, y corrimos un tramo pequeño hasta el autobús, que nos llevaría hacia nuestro nuevo hotel de cinco estrellas para hacer el checking. Nuestra habitación fue la 1012. Abrazaríamos la cama con delirio, no sin antes tomarnos unos gintonics en su bar cuando estuviéramos instalados. Las bebidas vinieron acompañadas de unos cacahuetes tostados que estaban bueníiiisimos. Mañana desayunaríamos a las 6:30 h y teníamos marcada la salida a las 7 y 20h ya con las maletas. Y cogeríamos el tren con destino Suzhou…Como véis, este ritmo diabólico no lo aguantaba cualquier cuerpo viajero, hay que estar bastante entrenado…jajaja.
Día 8. Jueves 4 de junio de 2026. Pagoda de las seis armonías y tren de alta velocidad desde Hangzhou con destino Suzhou. Visita al Templo Hanshan donde hay que tañir la campana, y tardío alojamiento en el Hotel del jardín de lotos.
Os muestro algunas fotos del hotel, para que juzguéis por vosotros mismos la calidad de sus instalaciones. Se habían alojado en él 130 embajadores de todo el mundo. Aquí tenéis las vistas desde nuestra ventana de día y de noche, con sensaciones tan distintas,…






Las decoraciones en las salas de desayuno son al gusto refinado oriental, a mi entender muy finas y bonitas. ¡¡Me encantan!!



Tras el desayuno, abandonábamos nuestro elegante hotel. Hoy estaba programado el viaje en tren de Hangzhou a Suzhou, algo más al norte, una distancia que lleva unas dos horas en coche. Cogeríamos tren de alta velocidad y habría que pasar de nuevo todos los controles de seguridad.


Visitábamos temprano la Pagoda de la Seis Armonías de camino a la Estación de Tren. Un faro fluvial de 60 metros de altura, que según la leyenda se hace cerca del río para protegerse de la serpiente blanca, de los demonios de los rios, y avisar de las inundaciones con el tañir de las campanas.
Después de poner sellos del lugar y comprar algún relicario, ahora sí que dejábamos atrás Hangzhou, la ciudad hermanada con Oviedo en España, para irnos a Suzhou, la más tradicional de nuestras visitas.



El grupo fue informado de camino que viajaríamos todos juntos en el vagón 5. Nuestro guía acompañante, al que agradezco toda la ayuda y apoyo que nos dispensó siempre, cantaba los números de asiento de cada uno: era ya coser y cantar.



En Suzhou lo primero que hicimos fue ir a un restaurante a comer. El autobús llevaba unas mesas ” para jugar al mus”. Nos sentamos con unas simpáticas hermanas con las que nos entendimos muy bien y con las que seguimos en contacto.
En este peculiar restaurante preparaban un pescado muy llamativo que parecía un dragón, primero frito, y luego rebozado y bañado en una salsa agridulce. En el restaurante había tortugas vivas, camarones, peces,…


Llegó el momento de visitar el Templo Hanshan, donde descubrimos un sitio de meditación junto a la campana. Un rincón donde las amigas pudimos cerrar los ojos y trasladarnos al no espacio-tiempo.





Este templo es uno de los Monasterios Budistas más icónicos e históricamente significativos de China. Además de su arquitectura y su característico color amarillo albero, es inmortal en la cultura asiática por estar mencionado y presente en la poesía clásica china. Allí encontramos un santuario de la Maestra venerada Kwan Yin y la torre, donde es una tradición subir y tocar la campana para atraer la buena suerte, expresando con su tañido un símbolo cósmico de paz. Los monjes budistas vestidos de gris paseaban por allí a sus quehaceres y supimos que rezaban tres veces al día.
Allí, sin saberlo, sentimos que teníamos que cerrar los ojos y meditar unos instantes en ese maravilloso lugar. Estábamos conectando con la PAZ que lo inunda.





Volvimos a montar en nuestro autobús-casa-juego de mus. Ahora nos llevarían a un paseo panorámico por la Calle Shantang de Suzhou, con sus casas típicas a orillas del río. Una cucada este pueblo acuático de canales rurales¡¡¡ Data del 825 d.c. esta primera calle de Suzhou y ha conservado su diseño original durante 1.200 años.


Tuvimos tiempo libre de disfrute para pasear, fotografiar, y hacer alguna compra, y en nuestro caso, para prestarnos a una entrevista en inglés de un grupo de escolares, primero pensando que eran chinos, y luego descubriendo que eran vietnamitas disfrutando de unas vacaciones en un campamento durante una semana. Nos contagiamos de su entusiasmo y su juventud: ¡Viva Vietnam y viva España!, gritábamos al hacernos las fotografías de recuerdo. Estudiaban francés, ruso, inglés, chino,…pero no español. Lástima¡¡¡¡




Suzhou nos encantó, pues conservaba todo el encanto tradicional de su cultura, sin perder el avance de toda la modernidad. Ambas convivían en armonía.

Curiosidad el zorrito blanco: su cuidador se ganaba la vida con las fotografías que los turistas se tomaban con el cachorro. El pequeño llevaba protegidas sus uñas con unas capuchas ex profeso, para que nadie saliera lastimado.
Era hora de irnos hacia el hotel, un nuevo hotel tradicional con jardín de lotos rodeado de agua y preciosos templetes. Eso sí, había que tener cuidado con las picaduras de los mosquitos.

Este hotel era más humilde, no contaba con bar, por lo que salimos al súper de la esquina a comprar unas cervezas y nos quedamos en recepción comentando la jornada, antes de irnos todos a la cama. A las 22:30 nos echaron de recepción, malhumorada la recepcionista, que por cierto, no hablaba inglés. Una nota muy amable nos entregó, escrita en perfecto español, pidiéndonos que nos marchásemos para no despertar a otros clientes de la planta baja. Quedó en un completo enigma quién se encargó de escribirla.
En las habitaciones encontramos un complejo juego de luces escrito en chino, y más de uno durmió con alguna luz encendida,jajaja.
Mañana tendríamos el día más duro del circuito. Felices sueños.
