Ángeles Lozano

Thailandia Viajes con mayúscula

Thailandia, el reino de Siam. Viajes con MAYÚSCULA

PRIMERA PARTE

Los viajes con mayúsculas son viajes del conocimiento en toda su extensión, una inmersión cultural donde captar, aceptar e integrar distintas formas de vivir sobre nuestro planeta. 

 

RECOMENDACIONES THAI

AGUA. Todo el agua que uses, que sea embotellada, incluida la del cepillado de tus dientes. Evita las ensaladas, los cubitos de hielo, y ojo con la fruta cortada que haya podido lavarse y a los tés fríos que te ofrezcan. Se puede utilizar DRINKING WATER y también MINERAL WATER. La primera suelen ponerla de cortesía en los hoteles y puedes beberla y lavarte los dientes con ellas, pero carece de los minerales que te ofrece el agua mineral. Como sudas tanto por el índice de humedad del país, es mejor que te aprovisiones de agua mineral aunque sea algo más cara. Hay muchas tiendas 7eleven donde comprar a buen precio.

MONEDAS. La moneda que ellos utilizan son bahts. BHT. Los 10 bahts son una moneda, los billetes comienzan en los 20 Bahts. Un euro equivale a unos 40 BHTs. En las casas de cambio, sacas más dinero por los billetes de 50 euros que entregues, que por los pequeños de 20,10 o 5 euros.

Comisiones.- Sacar del cajero implica una comisión de unos 6 euros tanto si la cantidad es pequeña como si es grande. Has de sumar la comisión que tu entidad te aplique.

Hay una tarjeta prepago, REVOLUT, que se está haciendo muy popular para evitar estas comisiones. 

REGATEO. Siempre te ofrecen un precio inicial y te dicen que te van a aplicar un descuento. Te muestran en la calculadora dos cifras, la de arrancada y la descontada, la segunda cifra. Te aconsejo regatear a tu favor, puedes bajar bastante la segunda cifra.

PAREO y PAÑUELO. Un pareo grande y un pañuelo te serán muy utiles. En los templos, no se admiten hombros al descubierto, ni pantalones o faldas por encima de las rodillas. En algunos, tanto hombres y mujeres tienen que ir tapados hasta los tobillos.

BOLSA DE TELA CON ASAS. Aunque en los templos del interior tienes la tranquilidad con los tailandeses que no roban los zapatos que dejas a la entrada de los templos, las autoridades han tenido que tomar medidas en los templos de Bangkok, los más visitados por turistas. Pickpockets atraidos de otros países vecinos vienen en vuelos lowcost a robar los zapatos por lo que ahora se permite, si la bolsa no es transparente, llevar tus propios zapatos guardados y colgados al cuello en tu bolsa personal. Resulta muy práctico.

TELÉFONO. Allí estás desconectado a no ser que compres una tarjeta eSIM. Pero todos los hoteles ofrecen wifi gratuita, y cuando llegues de tus visitas puedes conectarte y gestionar tus comunicaciones.

ASEOS. La propina es muy pequeña, 5 BHTs, una monedita.

MEDICINAS. Llévate porsi remedios para  vientre suelto y tus propias medicinas. Protección solar y repelente potente para mosquitos. A mí en farmacia me aconsejaron el GOIBI Xtreme forte.

Si tuvieras estreñimiento, puedes recurrir al tamarindo, que es un laxante natural que ellos utilizan para personas y para elefantes. Encontrarás los sobres en 7eleven, una tienda muy popular que tiene de todo. Busca la zona medicinal. 

GADGETS. Sombreros para el sol que sean transpirables, impermeables y paraguas si vas en la época de monzones que comienza en junio. Tapones para los oidos. Chanclas y zapatillas abiertas de trekking. En todos los templos hay que descalzarse para entrar. Lleva tus toallitas húmedas para limpiarte y guarda la usada hasta que llegues al hotel, pues no encontrarás papeleras.

ROPA. Siempre hace calor en cualquier época del año, pero se suda mucho y te sueles cambiar dos veces en un día. Si has pensado echar 7 camisetas, echa el doble. Igual te digo para la ropa interior.

En todos los sitios hay aire acondicionado, que no apagan nunca, por cierto. Aviones, aeropuertos, autocares y hoteles te pueden parecer el polo norte, jajaja. Edredón de invierno en las camas de los hoteles, no te digo más.

COMPRAS. Chiang Mai, en el extremo norte del país, es el sitio por excelencia de las artesanías. Allí puedes comprar seda, cerámica celadon, jade, plata, sombrillas,…entre otros.

Nuestro itinerario de 9 días y 7 pernoctaciones

Dia 1. Ida Madrid-Bangkok. Noche a bordo. (una distancia aproximada de 10.715 km en vuelo directo IBEROJET)

Día 2. Bangkok ( 20 Km)

Día 3. Bangkok-Maha Sawat- Bang Pa In- Ayutthaya ( 120 km)

Día 4. Ayutthaya -Lopburi- Phitsanulok ( 326 km)

Día 5 . Phitsanulok – Sukhotai – Chiang Rai ( 510 km )

Día 6. Chiang Rai – Triángulo de Oro – Chiang Mai ( 176 km )

Día 7. Chiang Mai ( 10 km )

Día 8. Chiang Mai – Bangkok (vuelo doméstico de 1 h. 568 km LION MAG)

Día 9. Bangkok – Madrid (vuelo internacional directo)

DIA 1 y 2. IDA MADRID-BANGKOK. NOCHE A BORDO. BANGKOK NOCTURNO.

Jueves 20 de Mayo de 2024. Era la víspera de la Noche de San Juan. La magia estaba en el aire. 

Una manera infantil de aprenderse el mapa de Tailandia es imaginarla como la cabeza de elefante vista de perfil. Nosotros no íbamos a ir a las playas del sur, lo que equivaldría a la trompa, sino que íbamos a adentrarnos en el país, desde la boca, que sería su capital actual Bangkok hasta lo alto de la cabeza, lo que se llama el Triángulo de Oro de los tres reinos, la frontera natural del impresionante rio Mekong con Laos y la antigua Birmania, ahora Myanmar.

En esta ocasión no quisimos documentarnos apenas, pues queríamos vivir el país y el impacto cultural desde la ignorancia.Y creo que fue una buena decisión.

En este país siempre hace calor y la humedad es muy alta. Cuando bajas del avión ya estás en modo ADAPTACIÓN, tanto en lo físico como en lo visual. Las letras azules de los carteles son indescifrables y tienes que recurrir a tu intuición, a la observación y a los escasos mensajes en inglés. ‘Baggage claim’, seguíamos todos a las flechas, y nos seguíamos los unos a los otros. En este avión había mucha, pero que mucha gente. Éramos 50 filas de pasajeros por 9 plazas en cada fila, separadas por dos pasillos. Una cuenta rápida nos lleva a 450 personas, sin contar con la tripulación. Teniendo en cuenta que por persona se permitían 23 kilos en bodega y 10 kilos como equipaje de mano en cabina, y sumando el combustible del avión para doce horas de vuelo directo, no me quiero ni imaginar las toneladas empaquetadas y encapsuladas en el mega-avión que surcó los cielos de medio mundo con una estabilidad admirable. El aterrizaje de nuestro comandante, sin complicaciones. Eran las 14:30 hora local. Una diferencia de huso horario de 5 horas.

Una vez recogidas las maletas, todo el grupo las dejó en custodia a nuestro conductor en el autobús dorado que nos asignaron como hotel itinerante. Era dorado, y como supimos después, no puede ser de otra manera. El dorado y el oro resaltan por doquier. Casi nadie llevaba cambio, por lo que fuimos a una casa de cambio recomendada por los viajeros: SÚPER RICH. Guíate por el color naranja de su stand. Por cierto, el naranja es otro de los colores característicos de Tailandia. Las telas que envuelven a sus monjes son siempre de este color.

El idioma oficial del país es el Siamés y pocos hablan inglés. Su alfabeto me recuerda un poco al hebreo, pero tanto el alfasilabario como los números indoarábigos me parecen todo lo mismo. Afortunadamente nos acompañaba además de nuestra guía española, una guía local que cubriría nuestras necesidades de comunicación. En estos viajes son piezas fundamentales las guías que te acompañen en las vivencias, y en nuestro caso tuvimos dos joyas que hacían un tandem perfecto. Les llamaré cariñosamente la pequeña cordobesa y la pequeña golondrina. Si me leen, sabrán porqué.

Nos dirigíamos ya de camino a nuestro Hotel Ibis con un conductor tailandés de lo más simpático y profesional. Le bautizamos Lolo, jajjaja, ya os explicaré porqué .Viendo el skyline de la ciudad, el contraste estaba servido. Junto a un rascacielos de último diseño, te podías encontrar una caseta con tejado contrachapado o unos bloques de infraviviendas. Todo en un mix. Oficialmente viven en la ciudad cinco millones y medio de personas, pero la población flotante es elevada, y se estima que realmente viven unos dieciséis millones y medio. Casi nada.

Llegada al hotel y cena servida de 19 a 20 h. Algunos estaban rotos y tras cenar se fueron a la cama. Luego quedábamos los zascandiles, que a pesar del cansancio tras casi dos días de peregrinaje, estábamos dispuestos a exprimir hasta la última gota. Y llegó la propuesta de nuestras guías, dos fenómenas dispuestas a quemar la ciudad, jajajaja. Una excursión al BANGKOK NOCTURNO en tuc-tucs. Ni nos lo pensamos. Y como por arte de magia, ocho tuc-tucs abanderados nos estaban esperando con sus conductores en fila india en la puerta del hotel.

Templo dedicado a Kwan Yin, la Maestra de la Compasión

BANGKOK NOCTURNO y mi ofrendas a Kwan Yin

La primera parada de las tres previstas fue en este pequeño Templo dedicado a la venerada Kwan Yin. Para mí es una maestra ascendida con la que conecto desde hace años, luego lo primero que sentí fue quitarme los zapatos y con el máximo respeto poner mis ofrendas. Nuestra guía nos explicó que pusiésemos tres inciensos juntos, pues si poníamos sólo uno, en su tradición se interpreta como la petición para un difunto. El grupo me esperó, pues ya empezábamos a caminar por la calle dragón, una calle principal en el enorme barrio chino de la capital.

Se llama YaoWarat, y abre las puertas al corazón de China Town. Era viernes noche, y estaba muy animado. Una mezcolanza de lenguas (afortunadamente algunos sonidos chinos me resultaban familiares, por algo le estudié cinco años, jajaja), luces de neón flasheando a distintas escalas, olores a comida recién preparada y servida en mesas diminutas y garrapiñadas, gentes sentadas y paseando en el orden del caos,…todo resultaba muy pintoresco.

Comenzaban los puestos de comida ambulante y aquello que has visto varias veces en televisión pero que por primera vez lo tienes delante, se encuentra a tu mano. Es cuestión de aceptar el reto, romper tus esquemas y tabúes, y saborear lo que te atrevas. De momento, yo tenía sed y valoré lo exótico que estaba alrededor y que tuviera seguridad para mi salud. Un coco natural, cortado en el momento, fue mi candidato. Aquí me tenéis tan contenta, como una niña chica.

Y con mi coco en mano, llegó el plato fuerte. Aquí estaban los alacranes, ciempiés y gusanos, y en el puesto contiguo el señor tenía los salazones.

Pequeña golondrina nos retó a probar los salazones de calamares con una salsa y crujiente de cacahuete. Lo curioso, además del sabor, fue ver preparar la delicatessen al vendedor. Tenía una especie de rodillo doble con una rueda, que en la foto de los alacranes podéis vislumbrar en una esquina. Cogió uno de los calamares secos que tenía colgados y lo pasó entre los dos rodillos, para aplanarlo. Volvió y volvió a pasarlo como unas 10 veces, hasta que prácticamente le dejó como papel de fumar. Y entonces nos le entregó junto a un cuenquito con salsa, espolvoreado con trocitos de cacahuete crujiente. De qué era la salsa, ni idea. El caso es que estaba bueno. Repetí varias veces mojando en la salsa que la pequeña cordobesa me ofrecía y compartimos el manjar.

El siguiente reto era visual. Nuestra guía local hacía de profe y nos preguntaba sobre éste escaparate. ¿Qué pensáis que venden en esta tienda? Unos dijeron que patatas fritas, jajaja, a otros les parecían medusas del mar, algas,…en fin, que no acertábamos. ¿Tú qué dirías que son? No te lo voy a poner tan fácil. Piensa, y más adelante te lo desvelaré , a ver si has acertado.

La pincelada de Yao Warat ya estaba en nuestras retinas. Nos montamos en los tuc-tucs de nuevo hasta la segunda parada. En esta ocasión veríamos un mercado nocturno de flores al por mayor. El mercamadrid de las flores naturales, es un sector muy demandado en el país. Preciosas flores naturales que se entregan en las ofrendas diarias de los innumerables templos. Todo un espectáculo de color y de aroma. Gigantescos bolsones de flores amarillas y blancas, que luego descubrimos como jazmines, rosas, orquídeas,…preciosísimas. Flores a granel que son un primer paso del engranaje. Luego vienen aquellos que confeccionan las ofrendas, aguja en mano. Suelen ser mujeres, pero también vimos algún hombre. Personas amables, sencillas, sonrientes, con una cadencia y ritmos de trabajo naturales, sin el estrés europeo que tanto nos mina la salud.

Nuestra guía local, a modo de bienvenida, nos regaló a todas las componentes del grupo una ofrenda con jazmines. Todo un detalle de su hospitalidad. Aquí os muestro la mía, con el detalle de las rosas. Podíamos llevarla colgada en la muñeca. Nuestro joven conductor del tuc-tuc llevaba varias por el vehículo.

La tercera y última parada nos adentraba en los límites del barrio rojo. Se le llama popularmente el barrio de los mochileros, y la marcha y la fiesta lo rodeaba todo. La guía nos dio una suave advertencia aunque no se le notaba preocupada: mochilas delante y ojo a las carteras. El reto era atravesar la marea humana, subir una larga calle empinada, flanqueada por locales abiertos de música, que competían con el de enfrente por tener lo baffles más potentes. Música en directo, actuaciones con luz y color, personas de distintos géneros. Según caminabas, ibas sorteando chicos y chicas muy jóvenes que te ponían sus pequeños carteles ante tus ojos. El cartel ponía GAS DE LA RISA. Alguno me llegó a coger la mano, tirándome para su local, pero yo la quité con estilo. Es como si el grupo tuviera pactado seguir todos unidos, y seguir a quien encabezaba el grupo y conocía el terreno: nuestra pequeña golondrina. Los tuc-tucs nos esperaban arriba, al terminar la calle.

Ahora que indago en San Google veo que es el gas de la risa , en realidad Óxido nitroso. Yo no lo conocía, pero intuyes que es alguna droga o similar con cierto peligro, rozando lo legal-ilegal-alegal. Entre los puestos encontrabas marihuana, está legalizado en el país desde hace unos años.

El cansancio ya hacía mella, hasta a los más intrépidos. Era momento de regresar al hotel, madrugaríamos al día siguiente, cargando las mochilas en el autobús. Ya habría tiempo de dormir en ruta. La vuelta la hicimos por ‘las luces’, una avenida de árboles iluminados que el último día descubriríamos pertenecen a la avenida del Palacio Real. Siete de los tuc-tucs llegaron a destino juntos. El nuestro se despistó y tomó otra ruta, por lo que tuvimos un extra de 20 minutos por la autovía, sin cinturón de seguridad y con un conductor al que no entendíamos hablando por teléfono en mano. Toda una aventura que afortunadamente queda como anécdota que contarte.

Ya en la habitación nos abandonábamos al sueño pensando: ‘ Que nos quiten lo bailáo’. Y seguimos pensándolo ya en casa. Aquella noche en Bangkok no la vamos a olvidar fácilmente.

Hablando de olvidar, que no se me olvide desvelarte la tienda enigmática de China Town. Lo que allí se vendían eran NIDOS DE GOLONDRINA. Todo. Todos son nidos de golondrina de diferentes categorías y precios. Sirven para recuperar a personas enfermas, a parturientas en el primer estadio de la crianza de los bebés, etc. Tradicionalmente se llevan como regalos muy considerados. ¿Habías acertado?

Día 3. BANGKOK -MAHA SAWAT - BANG PA IN - AYUTTHAYA ( 120 km)

Sábado 22 de junio de 2024. Tras el desayuno, viajábamos con nuestras maletas de lazo amarillo en un autobús dorado hacia el interior del país. Primero había que salir del extenso conglomerado de la capital. Le llamaremos la tercera capital, pues nos íbamos a adentrar en la HISTORIA con mayúsculas del país y progresivamente iríamos visitando la segunda capital y la primera, a medida que nos adentrábamos gozosos hacia las montañas y la selva. Normalmente el turismo visita la otra Tailandia, la de las playas, la de la zona de trompa de elefante. Unas playas y paisajes paradisíacos. Pero la oferta de Tailandia es muy amplia, para muchos gustos, y nosotros habíamos elegido justo un turismo diametralmente opuesto.

En la primera parada haríamos una ‘ visita técnica’, una visita a los toilets, que en expresión tailandesa es ‘la casita feliz’. Apenas hay papel higiénico en el país, porque lo popular es encontrar inodoros con bidet incorporado. Pero los turistas disponemos de ambos, papel y agua a presión. Nos sonreíamos en una tienda 7eleven al ver la venta disponible de un sólo rollo de papel. Normalmente en nuestras estanterías se venden varios a la vez, en menor o mayor número.

La primera metedura de pata que hice fue en un pequeño templo a la espera de la lancha rápida. Pasé con respeto a hacerme la foto que os muestro, pero me olvidé de quitarme los zapatos. Las caras de desconcierto de los practicantes que entraban me alertaron del error y aprendí la lección inmediatamente. Si tienes pensado viajar como nosotros, no te olvides de mi entrada inconsciente a un templo budista.

La lancha por el canal nos llevó primero a un mercado de verduras. Bajamos, vimos nuevas verduras y frutas, y pudimos presenciar un show cooking de crackers de arroz, una solución de aprovechamiento popular en la zona. Se fríen en aceite de palma y calentitos, se mojan en una salsa de tamarindo y espolvoreados con sésamo. Compramos alguna bolsa que ha viajado con nosotros de vuelta a España. La verdad es que estaban ricos.

La lancha nos recogió de nuevo, esta vez para una visita que me hacía especial ilusión: la visita de UNA PLANTACIÓN DE LOTO.

Con dificultad se subía del embarcadero a la plataforma de la casa-tienda que tenían la familia local en la plantación. Allí había una exposición de unos tarritos de lo que parecían cremas y un ramo recién cortado de capullos cerrados de loto. No me pude resistir y de momento cogí uno entre mis manos. Y volví a dejarlo. Nos llamaba la guía, algunos ya estaban arriba de una cuestecita frondosa. Pero cuando subí esos metros y las hojas frondosas de los árboles de papaya me dejaron ver lo que escondían, DIRECTAMENTE ME ENAMORÉ. En serio, me enamoré de aquel espectáculo. Buahhhhh,…expresé. En 180 grados tu mirada abarcaba nenúfares de todos los colores, y lotos blancos y rosas en distintos estadios, con unas hojas crecidas y de espectacular tamaño. Era una maravilla. Los compañeros nos diseminamos por distintos sitios, cada uno lo gozó a su manera, pues yo no era la única que tenía esa sensación. Siempre he estado enamorada de la obra al óleo de Monet, esos nenúfares con pinceladas impresionistas de color. Ésto lo superaba. Por unas pasarelas podías llegar al mismo borde de las aguas y tocarlos. Y también unas casetas abiertas nos daban cobijo del sol. Tenían unos bancos y mesas disponibles y enseguida supimos para qué.

Inés no hablaba ni una palabra de español. Ni nosotros tailandés, por supuesto. Pero nos entendimos. La bautizamos con ese nombre, como hicimos con todos, todos llevan en nuestro recuerdo nombres españoles. Transmitía humildad, bondad y maestría. Nos enseñó a doblar las hojas de los capullos de loto cerrados y crear unas flores preciosas, que luego llevaríamos como ofrenda al Templo de la visita de la tarde. Esa señora de manos descuidadas, con la uña derecha del dedo gordo golpeada y maltrecha, doblaba las hojas de la flor con el movimiento de las manos de una pianista de élite, te quedabas con la boca abierta. Unos movimientos sutiles y elegantes, maestros, en unas manos trabajadas y bastante dañadas. Verlo para creerlo.

Y de pronto tronchó el tallo de un loto y ante nuestra sorpresa empezó a estirar de un hilo flexible que nacía de su interior. Entonces golondrina nos explicó que de los lotos se consigue una fibra vegetal textil impermeable. Ni una gota de agua se queda en las hojas de loto, som impermeables. Al contrario de las de los nenúfares, siempre mojadas. Te muestro nuestras dos primeras flores de loto. Era una oportunidad única de practicar, y conseguí un pequeño ramo para ofrendar aquella tarde. No se me daba mal, y orgullosa os lo muestro en la cabecera de la página. Yo estaba feliz, mi cara lo dice todo.

En la plantación de Lotos nos explicaron por tanto la diferencia entre los nenúfares que son de todos los colores y con sus hojas siempre mojadas en la superficie del agua, y los lotos, sólo de colores blanco y rosa, que nacen en el lodo y ascienden al máximo hasta alcanzar la iluminación. Son un símbolo de cómo puedes guiar tu vida. No importa que hayas nacido en el lodo, en lo más bajo. Puedes llegar con tus actos a lo más alto, lo más puro, a la iluminación. Del loto no sólo se sacan las flores para ofrendar y las fibras textiles del tallo, sino que se elabora una pomada de la semilla del loto que sirve para dolores, picaduras de mosquitos, náuseas de embarazadas,… Resultó muy efectiva en el tratamiento de algunos compañeros. Las semillas grandes de los lotos también se encuentran en los mercados para ser cocinadas. Las flores de loto que aprendimos a doblar nos sirvieron como ofrecimiento en el Templo sagrado destruido de Ayutthaya, en el del buda sin cabeza que visitamos esa misma tarde. 

Terminábamos la visita con la compra de bálsamo de loto. Inés estaba al frente de la tiendecita y apenas entendía de cuentas y dineros, y nos devolvía más dinero del que le habíamos dado. Me dí cuenta de la buena gente con la que viajaba cuando devolvieron a Inés íntegramente los baths extras. Lo igual atrae a lo igual, dice la ley Universal. Allí el listón de nuestros compañeros compradores quedó alto. Mis bendiciones.

Carmen, la simpática y divertida conductora de la lancha nos recogía para llevarnos al embarcadero de nuevo. Lolo nos esperaba allí. Llegamos muertos de risa, porque entre bromas , hizo que moviéramos los cuerpos hacia adelante y hacia atrás, como en las traineras, gritando Uahhh, Uahhh, como si empujáramos la lancha para llegar a destino por habernos quedado sin combustible. Simpatiquísima, ella sola se partía de risa. Y nos contagiaba.

Lolo, como no sabía español, cantaba lololo, lololo, lololo, lololo, cada vez que nos ayudaba a todos a subir y bajar de su autobús. Creamos un lenguaje universal, y nosotros también correspondíamos con el mismo cántico. Era como si él dijera ‘ deja que te ayude a bajar’ y nosotros dijéramos ‘ Gracias Lolo, nos viene muy bien tu ayuda’. En una ocasión Lolo me paró en seco en el último escalón al bajar, sujetándome en el timo. Yo le miré extrañada, y él me miró y me dijo ceremonioso ‘Buda’. Dos monjes jóvenes y anaranjados pasaban en ese momento; así aprendí que ellos tienen prioridad. Tanta prioridad, que en el vuelo doméstico dos monjes jóvenes entraron primero en el avión. Luego pasaron dos mujeres mayores en silla de ruedas, y luego el resto del pasaje. Para los tailandeses ellos representan Buda, lo sagrado. Y todos conformes con este orden.

Os pido permiso, Lolo, G. free, rubita, Mcds, para poner esta foto, que demuestra lo bien avenidos y lo bien que nos lo pasamos.

En el restaurante local de ese día, que estaba rodeado por un lago con un lagarto tipo cocodrilo, degustamos la papaya verde frita, que recuerda mucho a las onion Bhaji de los restaurantes indios. 

Para los que estéis preocupados por el tipo de comidas, deciros que nuestro grupo de 25 viajeros era muy variado, y teníamos vegetarianos, gluten free, no carne, y todo terreno. Al final todos nos arreglamos, la comida es variada, con cerdo y pollo normalmente, verduras, huevos, pasta, fruta y ¡¡¡arroz por toneladas!!! jajaja. El pescado escasea aunque no entiendo el porqué. Es el país del agua y vimos peces por todos los sitios. Algún día alguien me explicará. Por cierto son muy buenos y competitivos sus equipos de deporte a remo, hablando del agua.

En Tailandia hay un dicho: COMEMOS LA COMIDA COMO MEDICINA. En los restaurantes vamos a encontrar cúrcuma, curry, coco, tamarindo, sopa de miso, vinagre de arroz, té de jazmín, kaffir o bergamota, lemongrass o hierbalimón, sopa picante Tom Yum de citronela con setas, delicioso pad thai, leche de coco, frutas tropicales exquisitas como el mango, la piña natural, la papaya, y el rambután con pelos. El durian solo le encontraremos en los mercados, pues huele tan mal, que en las proximidades de los ascensores de los hoteles encuentras carteles que prohíben su entrada por su olor sulfuroso. Nosotros le comimos en el mercado, y su sabor es más aceptable que su olor, me recordaba a plátano con ajo y algo de textura incómoda. Luego supe que todos los valientes nos lavamos los dientes al llegar al hotel. Para ellos es muy popular y se toma con normalidad.

Una vez ofrendados los lotos en el templo, nos volvíamos al hotel, la cena nos esperaba. Una deliciosa crema de champiñones y pitaya como fruta exótica fue lo que elegí.  El cansancio hacía mella, y la habitación nº 1412 del Hotel Classic Kameo me llamaba a gritos. Guardé la compra que había hecho en las visitas, abanicos de bambú con seda  y una miniestatua dorada del buda venerado en la zona del Wat Prasisanpeth y Wihan Phra Mongkhon Bophit. Mis tesoros Thai. Advertirte que los hoteles mantienen los aires acondicionados puestos continuamente y constantes. Y son ruidosos. Si los apagas, la sensación de calor húmedo es bastante angustiosa para un foráneo. Las camas tienen mullidos edredones de invierno. LA BOMBA. Por tanto, o eliges calor o frío a la hora de dormir. It’s up to you.

En la cama me venían un carrusel de imágenes, de sensaciones y de informaciones que flasheaban a mi alrededor.  Había sido un día intenso, y hallé refugio y relax visualizando los colores de la buena suerte en esta cultura, colores según la fecha de nacimiento, y que nuestra querida guía,-la pequeña golondrina-, nos había enseñado en el trayecto. El lunes se corresponde con el amarillo, el martes con el rosa, el miércoles con el verde, el jueves con el naranja, el viernes con el azul, el sábado con el morado y el domingo con el rojo.

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